viernes, 17 de abril de 2009

RECUERDOS EN SEPIA

Teresa Carreón

A Diego Cadena, en su cumpleaños

¿Qué decirle a un joven que el día de hoy acumula 22 años de vida? ¿Cómo garantizarle que el futuro le reserva progreso, felicidad, salud? ¿Cómo establecer el sentido básico de la vida en correlación con la muerte, el amor y el odio, la felicidad y el sufrimiento, lo divino y lo demónico, lo espiritual y lo material, lo sublime y lo abyecto, la sabiduría y la caducidad, la persona, el hombre, la mujer, la soledad…?

En “Tesis sobre la Filosofía de la Historia” (1940), el filósofo alemán Walter Benjamín dice: “Hay un cuadro de Klee que se llama Ángelus Novus. En él está representado un ángel que parece como si estuviese a punto de alejarse de algo que mira atónitamente. Sus ojos están desmesuradamente abiertos. Abierta su boca, las alas tendidas. El ángel de la historia ha de tener ese aspecto. Tiene el rostro vuelto hacia el pasado. En lo que a nosotros nos aparece como una cadena de acontecimientos, él ve una sola catástrofe, que incesantemente apila ruina sobre ruina y se las arroja a sus pies. Bien quisiera demorarse, despertar a los muertos y volver a juntar lo destrozado. Pero una tempestad sopla desde el paraíso, que se ha enredado en sus alas y es tan fuerte que el ángel ya no puede plegarlas. Esta tempestad lo arrastra irresistiblemente hacia el futuro, al que vuelve las espaldas; mientras el cúmulo de ruinas crece ante él hasta el cielo. Ese huracán es lo que llamamos progreso.”

La idea de progreso indicaría la existencia de un sentido de mejora, de ir hacia delante, de avanzar, de perfeccionar la condición humana. Pero el progreso que se proyectó como el futuro deseable se ha transformado actualmente en una trampa inevitable, donde parece que no hay salida alguna. ¿Será entonces el progreso, una ilusión colectiva, una ilusión con futuro? Entonces el progreso tiene límites, fronteras.

Habrá que advertirle a ese joven de nuevos 22 años que todo en la vida, tiene límites. Que como a las viejas fotografías, el tiempo también decolora nuestra memoria, tiñendo de color sepia los recuerdos. Por ello, muchos viejos tratan con profundo desprecio el tiempo presente, negándole brillo y esplendor a las actuales generaciones.


Ser un joven que vive expectante del futuro progreso, bajo las mortificantes evocaciones de los viejos de la familia, ha sido una constante en el paso del tiempo. Por eso la historia está plagada de decepcionados seres que pululan con las bolsas vacías, secos de imaginación y deseos de trascender.

Dicen los entendidos que a los toros hay que darles su distancia, y al toro del tiempo hay que darle distancia para que no pegue estas cornadas del desprecio al presente.

Por eso mi propuesta es que abramos bien los ojos a todo lo gozoso que hay alrededor, que lo valoremos como si sobre nuestro presente hubieran pasado ya décadas. Dejar las nostalgias en el trastero de las cosas inservibles y vivir el presente sin añoranza alguna, entusiasmados con el tiempo que nos ha tocado vivir. Sin que el tiempo coloree de sepia los recuerdos.

Y es que la existencia es la urdimbre que entreteje las cosas mundanas reconvertidas en asuntos humanos, en cuya red se entrelazan actos y actitudes, ideas y creencias, acciones y pasiones.

Hay quien afirma que lo importante es perseverar para el logro de los objetivos personales; que es importantísimo tener metas y objetivos, que generen una beneficiosa sinergia. Que la conformidad y la falta de movimiento en nuestras vidas nos hace ser repetitivos y esa rutina sólo garantiza el paso del tiempo sin trascendencia alguna. Que cambiar es la clave, por ello hay que arriesgarse, buscar, forjarse una personalidad propia, que defina los gustos, así como las formas de encarar las cosas.

Por eso, yo me voy con la música a otra parte con la canción “Al lado del camino” del argentino Fito Páez: Me gusta estar al lado del camino/fumando el humo mientras todo pasa/Me gusta abrir los ojos y estar vivo/Tener que vérmelas con la resaca/entonces navegar se hace preciso/en barcos que se estrellen en la nada/Vivir atormentado de sentido, creo que ésta, sí,/ésta es la parte mas pesada/En tiempos donde nadie escucha a nadie/En tiempos donde todos contra todos/En tiempos egoístas y mezquinos/En tiempos donde siempre estamos solos/Habrá que declararse incompetente/en todas las materias del mercado/Habrá que declararse un inocente/o habrá que ser abyecto y desalmado/Yo ya no pertenezco a ningún ismo/me considero vivo y enterrado/Yo puse las canciones en tu walkman/el tiempo a mi me puso en otro lado/Tendré que hacer lo que es y no debido/Tendré que hacer el bien y hacer el daño/No olvides que el perdón es lo divino/Y errar a veces suele ser humano…

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