jueves, 29 de agosto de 2013

Siria y la obscenidad moral


Las potencias occidentales han apostado hasta ahora por una guerra del desgaste en Siria
En círculos diplomáticos se considera que si algún bando gana, Estados Unidos pierde
Siria lleva 2 años intervenida por actores regionales e internacionales


Se habla de una inminente intervención militar en Siria. Hay quien lamenta que no se haya producido antes, que Estados Unidos y sus aliados no “reaccionaran” hasta ahora. No ha sido desinterés, sino más bien una apuesta estratégica calculada. 
Desde hace dos años diversas potencias occidentales, así como sus aliados en Oriente Medio,intervienen en Siria de forma más o menos subterránea, proporcionando armas e información de inteligencia a los rebeldes. Francia y Estados Unidos, entre otros, han suministrado ayuda militar a los grupos armados de la oposición. La CIA y los servicios secretos británicos trabajan en el terreno apoyando a los rebeldes sirios y aconsejando a los países del Golfo sobre los grupos a los que deben armar.  
El material bélico facilitado a los rebeldes que luchan contra Assad ha llegado principalmente a través de los países del Golfo y Turquía, y ha sido medido con precisión desde 2011, para que estos no dispusieran de armamento pesado. De este modo los ‘rebeldes’ han podido herir pero no tumbar el gobierno de Assad; han contado con capacidad suficiente para resistir pero no para vencer. Y así, el conflicto se ha mantenido en un nivel que permite a ambos bandos sobrevivir, desgastándose. Es el punto muerto, la situación indefinida que hasta ahora ha convenido a algunos actores internacionales involucrados de un modo u otro en el conflicto. 
No es algo nuevo. En los años ochenta, cuando estalló la guerra entre Irán e Irak, Washington proporcionó apoyo, armas e información militar a Bagdad, y de hecho Sadam Hussein empleó gas sarín estadounidense contra población iraní y kurda. Pero en una estrategia de doble juego EEUU también facilitó secretamente armamento a Irán entre 1985 y 1987 a través de una red de tráfico de armas estadounideses e israelíes organizada por la CIA.
Con los beneficios de ese negocio, Washington apoyó a la Contra nicaragüense y a la guerrilla afgana que luchaba contra las tropas soviéticas en Afganistán. La operación fue conocida con el nombre de “Irangate”. De este modo Estados Unidos contribuyó a la prolongación de la guerra entre Bagdad y Teherán, con el propósito de desgastar a dos países estratégicos y con petróleo y de dejarlos fuera de juego. Si ambos perdían, Washington ganaba.

La búsqueda de una partida de ajedrez en tablas 

En el caso sirio se considera que si algún bando gana, Estados Unidos pierde. Es la premisa aceptada en ciertos círculos políticos y diplomáticos occidentales. Por eso se ha apostado por la guerra del desgaste, por el punto muerto, por una situación indefinida. Ahora que Assad había tomado ventaja con respecto a sus enemigos, la comunidad occidental anuncia un nuevo nivel de intervención en Siria. 
Así lo expresaba esta semana, sin pudor alguno, Edward Luttwak, del Center for Strategic and International Studies, en un artículo publicado en The New York Times:
“Un resultado decisivo para cualquier bando sería inaceptable para Estados Unidos. Una restauración del régimen de Assad respaldado por Irán aumentaría el poder y el estatus de Irán en todo Oriente Medio, mientras que una victoria de los rebeldes, dominados por las facciones extremistas, inaguraría otra oleada de terrorismo de Al Qaeda.
Solo hay un resultado que puede favorecer posiblemente a Estados Unidos: el escenario indefinido. Manteniendo al Ejército de Assad y a sus aliados, Irán y Hezbolá, en una guerra contra luchadores extremistas alineados a Al Qaeda, cuatro enemigos de Washington estarán envueltos en una guerra entre sí mismos...”.

La espuma de las intenciones reales 

Si viviéramos en un mundo idílico podríamos creer en la bondad de la política internacional. Las guerras serían esas misiones de paz de las que tanto hablan los dirigentes occidentales, y los gobiernos se moverían impulsados tan solo por la defensa de los intereses de los ciudadanos. Pero nuestro mundo dista mucho de ser idílico. 
La Historia, esa gran herramienta para analizar también nuestro presente, nos demuestra que a veces las versiones oficiales de un gobierno son solo la espuma de sus posiciones reales. Que detrás de posturas públicas aparentemente altruistas se esconden políticas ilegales y criminales. Que por debajo de los discursos oficiales en nombre de la defensa de los derechos humanos se mueven intereses económicos y geopolíticos. 
No hace falta rebuscar mucho para encontrar ejemplos: 
El apoyo de Estados Unidos a los golpes de Estado y a las dictaduras en la Latinoamérica de los años setenta; las mentiras para invadir y destrozar Irak, las excusas para invadir y ocupar Afganistán, la negación sistemática de crímenes de guerra, de asesinatos de civiles, la creación de centros de tortura diseminados por todo el mundo, la aceptación por parte de Europa de los vuelos de la CIA, el uso de aviones no tripulados -drones- para cometer asesinatos extrajudiciales, la venta a armas a gobiernos evidentemente dictatoriales y represores y así un largo etcétera. 
Casualmente esta misma semana la CIA reconocía algo ya sabido: Su papel detrás del golpe de Estado que en 1953 derrocó al primer ministro iraní Mohamed Mossadeq, elegido democráticamente y que había nacionalizado el petróleo iraní, hasta entonces explotado por Reino Unido principalmente. 
Recientemente también se ha hecho público un contrato por el que Estados Unidos facilitará bombas racimo a la monarquía absolutista de Arabia Saudí, que suministra armamento a los rebeldes sirios.

Los únicos árbitros 

Las potencias occidentales pretenden erigirse de nuevo como árbitro desinteresado al que hay que llamar cuando las cosas se ponen feas. Se presentan a sí mismas como “solucionadoras” de conflictos a través del uso de bombas y del impulso de operaciones militares aparentemente “limpias, justas y breves” (eso dijeron de Irak, cómo olvidarlo).
EE.UU y sus aliados no parecen dispuestos a esperar los informes de los inspectores de Naciones Unidas antes de atacar Siria, lo que sienta un peligroso precedente.
El régimen de Assad es responsable de miles de muertos, pero en este caso no se ha probado aún que sea el autor del ataque con armas químicas. Podría serlo, de hecho es uno de los seis países que no ha firmado la Convención de control de armas químicas. 
Pero lo serio -y lo legal- sería esperar a las conclusiones de la ONU sobre la autoría del ataque y, tras ello, buscar otras opciones alternativas al lenguaje de las bombas. De lo contrario se estará apostando por una guerra nuevamente ilegal ya que no contará con la aprobación del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas.
Si hoy Washington y sus aliados actúan como "árbitros" para decidir si hay que atacar o no un país, mañana otra nación puede reivindicar el mismo "derecho". 

Las otras "obscenidades morales"

El  primer ministro británico, David Cameron, ha dicho que el ataque con armas químicas en Siria es algo “ absolutamente aborrecible e inadmisible”, el presidente francés François Hollande ha anunciado que “Francia castigará a los que han gaseado a inocentes” y el secretario de Estado estadouniense, John Kerry, ha afirmado que el uso de armas químicas es una obscenidad moral. 
Cabe preguntarse si el empleo de fósforo blanco en Faluya (Irak) por EE.UU no es una obscenidad moral ni un acto "aborrecible, inadmisible". Es legítimo plantearse si no sería pertinente, por tanto, castigar, tal y como Francia ha defendido, a los que han gaseado a inocentes, como Israel en Gaza o Estados Unidos en Faluya. 
Que hable de obscenidades morales un Estado que en tan solo la última década ha asesinado, herido, torturado, secuestrado o encerrado sin cargos a cientos de miles de personas es cuanto menos llamativo. Que potencias que legitiman secuestros, torturas, asesinatos extrajudiciales y cárceles como Guantánamo traten de erigirse una vez más como adalides de los derechos humanos y las libertades resulta un tanto delirante. Y que un Premio Nobel de la Paz vaya a apostar una vez más por la vía militar demuestra el marco orwelliano en el que nos hallamos. 
En medio del laberinto de intereses internos, regionales e internacionales se encuentra la población civil siria, castigada por la violencia, dentro de un conflicto del que también son responsables los actores regionales e internacionales implicados desde el inicio. 
En estos dos últimos años, la guerra en Siria ha provocado 100.000 muertos y dos millones de refugiados, de los que más de un millón son niños. Pero parece que estas muertes y estos desplazados no eran hasta ahora una obscenidad moral. 
Hay muchas preguntas que no se están respondiendo:
¿De qué forma ayudarán las bombas occidentales a la población siria?
¿Cómo van a evitar víctimas civiles (teniendo en cuenta además los trágicos precedentes)?
¿Se ha valorado que una participación abierta de varios países en el conflicto podría elevar el nivel de confrontación en la región?
¿Cómo evitarán el empleo de más armas químicas en en el futuro?
Y después de esos dos días de ataques, ¿qué? ¿De nuevo la guerra de desgaste, el escenario indefinido, la intervención subterránea?
O por el contrario, ¿más bombardeos, más ataques, más guerra presentada, en pleno siglo XXI, como vía para la paz, mientras se da la espalda a otros caminos, a otras políticas?

miércoles, 28 de agosto de 2013

Seis pasos para dormir rápido, por Jeremy Dean


Se han hecho investigaciones psicológicas por tres décadas para encontrar la mejor formar para vencer el mal dormir, lo más efectivo es la Terapia de Control de Estímulos
¿No puedes dormir bien ni una noche? No eres el único. Examinando las cosas que mejoran la vida de las personas, una buena noche de sueño está frecuentemente en lo más alto de la lista. Dormir mal ocasiona un bajo nivel de desempeño cognitivo incluyendo degradación de memoria, atención, rendimiento y lucidez. Y en grandes términos, el insomnio está asociado con la ansiedad y la depresión. El dormir de las personas empeora a medida que envejecen. Después de los 65 años, entre un 12% y un 40% de las personas sufre de insomnio.
Se han intentado toda clase de métodos para combatir el mal dormir, desde drogas, remedios psicológicos y algunos otros tratamientos estrafalarios.
El problema con las drogas es que tienen efectos colaterales y son generalmente adictivos. El problema con los tratamientos estrafalarios es que aunque no suelen tener efectos colaterales, no sabemos si de verdad funcionan. Los remedios psicológicos, sin embargo, combinan lo mejor de los dos mundos: estudios demuestran que sí funcionan y sin efectos colaterales.
Terapia de Control de Estímulos
El professor Richard R. Bootzin ha investigado los desórdenes del sueño por muchos años en la Universidad de Arizona; él describe los diferentes enfoques psicológicos que se han usado para tratar el insomnio (Bootzin & Epstein, 2011).
De estas, la intervención más exitosa es la llamada Terapia de Control de Estímulos (Morint, 2006). Sólo consiste de seis pasos sencillos. Si los sigues, tu sueño debería mejorar. Después de la lista explicaré la filosofía detrás de ellos. Primero, aquí los seis pasos:
1. Acuéstate a dormir sólo cuando te sientas somnoliento.
2. No uses tu cama para otra cosa que no sea dormir; lo que significa no leer, ver televisión, comer o preocuparte en la cama. La actividad sexual es la única excepción a la regla.
3. Si no puedes dormir, levántate y ve a otra habitación. Quédate así lo que desees y luego regresa al cuarto a dormir. No veas la hora; si no puedes dormirte, sal inmediatamente de la cama. Recuerda que la meta es asociar tu cama con dormir rápidamente. Si estás en ella más de 10 minutos sin quedarte dormido y no te has levantado, no estás siguiendo estas instrucciones.
4. Si aún así no puedes dormir, repite el paso tres. Hazlo tan seguido como sea necesario.
5. Pon tu alarma y despiértate a la misma hora todas las mañanas independientemente de cuanto hayas dormido durante la noche. Esto ayudará a tu cuerpo a adquirir un ritmo consistente de sueño.
6. No duermas durante el día.
Se han hecho investigaciones psicológicas por tres décadas para encontrar la mejor formar para vencer el mal dormir, lo más efectivo es la Terapia de Control de Estímulos
¿Por qué funciona?
Este método está basado en la idea de que somos como los perros babosos de Pavlov. Atamos ciertos estímulos en el ambiente a ciertos pensamientos y comportamientos. Los famosos perros de Pavlov empezaban a babear cuando sonaba una campana, porque asociaban el sonido de la campana con que iban a darles comida. Eventualmente los perros babeaban con el campaneo incluso cuando no recibían comida. Reemplaza la campana por una cama y la comida por dormir. Si nos acostumbramos a hacer muchas cosas en la cama, entonces cuando queramos usarla para dormir se nos hará más difícil porque la asociamos con otras cosas.
Es importante evitar mirar televisión en la cama, pero también es importante evitar acostarte en ella mientras estás preocupado por tu falta de sueño. Porque entonces asocias la cama con esa preocupación. Y, peor, sufres ansiedad anticipada: ansiedad sobre la ansiedad que sientes cuando intentas dormirte. Esta terapia funciona fortaleciendo la asociación entre la cama y el sueño y debilitando la asociación entre la cama y otras cosas (¡excepto el sexo!).
Otros tratamientos apoyados por la investigación son la relajación progresiva de los músculos, lo cual es exactamente como suena, y la intención paradójica, lo que significa que no debes obligarte a dormir. La paradoja está en que cuando la gente no intenta tanto dormirse, lo consiguen más fácil.

miércoles, 12 de junio de 2013

Diez pasos para superar el dolor crónico



(Traducción de “Ten Steps To Overcoming Chronic Pain”. Autor: Mark Grant (*). 
Fuente: http://www.overcomingpain.com/. Traducción: Alejandra Guasp, Red Ehlers-Danlos Argentina)
(*) Mark Grant es un psicólogo australiano con más de 20 años de experiencia en el tratamiento de personas que 
sufren de dolor crónico y estrés


El dolor crónico es un problema serio, pero a menudo se vuelve peor debido a la desinformación, las actitudes 
negativas, las ideas obsoletas y las emociones negativas. Se reconoce que frecuentemente el dolor crónico
se trata mal, no porque falten tratamientos adecuados, sino por miedo e ignorancia.
Estos pasos están creados para ayudarte a enfrentar mentalmente el dolor crónico de la mejor manera posible.


1. Asegurate de entender qué tipo de problema es el dolor en realidad
El dolor crónico es diferente de otros problemas médicos, que a menudo pueden tratarse de manera relativamente 
fácil y exitosa. El dolor crónico es una dolencia compleja, provocada y mantenida por una combinación de factores 
físicos, psicológicos y neurológicos.
Estas causas múltiples hacen difícil establecer con exactitud un origen o un tratamiento para el dolor. A menudo el 
dolor también es desestimado o mal tratado por el bagaje de antiguas ideas sobre él – por ejemplo, es muy
frecuente que el dolor cuya causa física es desconocida sea escasamente tratado. Esto ocurre, a pesar de la 
intervención de los factores neurológicos, que implica que el dolor puede producirse en ausencia de causas 
externas, y que no debería desestimarse o considerarse anormal.
La clase médica se ha esforzado por unirse para enfrentar el desafío del dolor, y ahora reconoce que este problema
no puede superarse sin la combinación de aportes de otras disciplinas como la psicología y las terapias físicas. El 
dolor también es una experiencia subjetiva, que es imposible de medir en forma precisa. El dolor contiene muchas 
reacciones emocionales, incluyendo ansiedad, miedo y depresión.

2. Acéptalo
El dolor crónico es tan tremendo que a veces es más fácil escapar, deseando que nunca hubiese ocurrido, o 
esperando una cura milagrosa. Si persisten, estas reacciones comunes al dolor puede convertirse de algún modo 
en una trampa. Es necesario que enfrentes la realidad de lo que te está sucediendo, y que encuentres maneras 
constructivas de lidiar con ella.
Aceptación significa más que saber intelectualmente que tienes dolor; significa permitirte sentir la ansiedad, el miedo, 
el enojo y la pena que acompañan al dolor. La aceptación es un proceso que requiere reconocer progresivamente 
todos tus sentimientos, y satisfacer tus necesidades físicas y emocionales.
Para aceptar y atravesar estas emociones negativas asociadas con el dolor crónico, debes tener el apoyo y la 
seguridad adecuados. Seguridad significa tener un control adecuado del dolor mediante la combinación apropiada
de aportes al tratamiento: médicos, físicos y psicológicos. Apoyo significa tener el apoyo emocional adecuado de la
familia y los amigos, que te dé un sentimiento de contención y seguridad.
El producto final de la aceptación es la reducción del dolor, la paz interior, menos ansiedad y una mejor estrategia de
afrontamiento.

3. Ten el control
Luego de meses o incluso años con dolor y tratamientos fallidos, es fácil tener sentimientos de desesperanza 
y de que no hay nada que pueda hacerse. A menudo las personas que sufren de dolor están en el extremo del
tratamiento negativo y es fácil que terminen sintiéndose enojados y victimizados. Con frecuencia tienen alguna 
justificación para sentirse así.
Quizás no provocaste tu dolor, y quizás no estás contento con algunos aspectos de tu tratamiento, pero 
¿sabes qué? Así es la vida. Culpar a otros por tus problemas, aunque esté justificado, te convierte en una víctima,
y es como abandonar el control de tu vida. Te estás permitiendo dejarte llevar por tus emociones; pero tienes 
alternativas: o tomas el camino fácil (que en realidad no es tan fácil) y simplemente culpas a los demás, o tomas el 
control y obtienes información, te comunicas abiertamente con el médico, pones en práctica estrategias para el 
control del dolor, como el ejercicio regular, el descanso, la relajación y el control del estrés.
Tienes que decidir si quieres ser víctima o sobreviviente, pasajero o conductor. Tu dolor no es problema de 
nadie, más que tuyo. Tienes derechos e incluso responsabilidades como usuario de los servicios de salud y como 
paciente. Dado que el dolor crónico es difícil de detectar o medir, necesitas informarte, y participar activamente de tu 
tratamiento.
No tengas miedo de hacer preguntas, no tengas miedo de decirle a tu médico lo que piensas y lo que quieres, 
no tengas miedo de pedir un medicamento más fuerte para el alivio de tu dolor.

4. Crea una buena relación de trabajo con tu médico
Una relación franca y de confianza con tu médico es esencial. Esto implica ser capaz de decirle a tu médico 
cómo te sientes, de hacerle preguntas y sentirte escuchado y comprendido.
La relación médico-paciente debe ser una calle de dos manos. Aunque confíes en la opinión experta de tu médico 
para las recomendaciones de tratamiento, él depende de ti para obtener información precisa sobre la cual basar 
sus decisiones. Es tu responsabilidad describirle tus síntomas de la manera más precisa posible y comentarle los
resultados de los tratamientos. Incluso si son desfavorables.
Se ha identificado que no informar completamente sobre el dolor es una de las mayores causas de su mal manejo. 
La relación médico-paciente puede socavarse por la mala comunicación, la ignorancia, la arrogancia y el miedo. 
Por ejemplo, mucha gente tiene miedo de decirle al médico cómo se siente por miedo a ser etiquetada como 
débil o “quejosa”. Otros pacientes minimizan la severidad de su dolor, porque no quieren que su médico sienta que 
falló!
Deberías sentir que puedes hablar con tu médico, que él te escucha y te respeta, y estar satisfecho de 
que está trabajando de manera competente y completamente a favor tuyo. También tienes el derecho de cambiar de 
médico si no estás satisfecho.

5. Nunca ignores el dolor
En el tratamiento del dolor crónico se ha puesto de moda la recomendación de ignorar el dolor (luego de que se 
completan las investigaciones médicas), en la creencia de que solamente es dolor, y que no hay nada malo desde 
el punto de vista físico.
Este abordaje representa un movimiento pendular desde la noción pasada de moda de prescribir el descanso, hasta 
el cambio en favor de mantener la actividad física. La idea es que la inactividad solo lleva a la depresión y no ayuda de 
ninguna manera a solucionar el problema.
Pero con ciertos tipos de dolor, esto puede llevar a un círculo de empeoramiento, deprivación del sueño, 
agotamiento y aumento, del dolor y del sufrimiento; particularmente si eres una de las personas que típicamente 
ignora el dolor (ignorar el dolor es –por supuesto- lo que provoca la mayoría de las lesiones reiteradas).
El otro problema de ignorar el dolor es que cada vez que se produce, deja una impronta en tu sistema nervioso, 
una especie de “memoria del dolor”. Estas experiencias reiteradas con el dolor llevan a la sobre-estimulación del 
sistema nervioso y a la generación de señales espontáneas de dolor, que llevan a un ciclo de estrés y dolor. El 
mejor abordaje es uno balanceado, regulando los niveles de actividad y evitando el empeoramiento excesivo del dolor.

6. Aborda de manera balanceada la actividad física
Puede ser tentador adoptar una postura de “no hacer nada”, en la esperanza de que puedas evitar tener más dolor. 
Como se indicó, dado que el dolor crónico es provocado en parte por cambios neurológicos, evitar la actividad no hará 
que pare. Evitar la actividad también lleva a la atrofia muscular y a la generación de productos de desecho en los 
tejidos, que de hecho pueden exacerbar el dolor.
En otras ocasiones, puedes sentirte frustrado y esforzarte por completar tareas relativamente importantes (por 
ejemplo cortar el césped) sabiendo que luego vas a tener dolor. Esto puede hacer que tengas que tomarte dos días 
para descansar y recuperarte. Esta postura de “todo o nada” es inadecuada e inefectiva en el largo plazo.
Tienes que regular tus niveles de actividad. Puedes hacer esto solo, mediante “prueba y error” o con un poquito de 
“preparación” a través la ayuda profesional. El apoyo y la guía de un profesional de la salud comprensivo son muy 
convenientes para mantener la motivación y para enfrentar los miedos y los obstáculos a lo largo del camino.

7. ¡Duerme!
La falta de sueño provocada por el inadecuado tratamiento del dolor puede llevar a un ciclo de fatiga, depresión 
e irritabilidad. La incapacidad para dormir, o despertarte sintiéndote cansado, son signos de que tu dolor no está 
siendo tratado de manera adecuada. Desarrollar un patrón de sueño relajante es esencial para afrontar el dolor crónico. 
Mejorar tu descanso te dará más energía y te ayudará a sentirte más capaz de sobrellevar tu enfermedad.
Hay muchas cosas que puedes hacer para mejorar el sueño, incluyendo la relajación, quizás tomar un baño caliente, 
escuchar música o una grabación relajante antes de irte a dormir; auto-hipnosis; un buen colchón; una buena postura; 
la medicación, y un buen control general de tu estrés.

8. Asegurate de tener el apoyo adecuado
Muchas personas con dolor crónico se aíslan, perturbadas por sus seres amados, sus compañeros de trabajo y
la sociedad. El apoyo social o emocional inapropiado puede llevar al aislamiento, a la depresión y al aumento
del riesgo de suicidio. Las personas que normalmente se enorgullecen de ser independientes y de no necesitar de los 
demás están particularmente “en riesgo”.
Desafortunadamente, las reacciones negativas de los demás pueden desalentar a quienes padecen de dolor crónico 
de hablar sobre sus problemas o de buscar ayuda. Las reacciones poco útiles de aquellas personas con las que 
contabas pueden ser muy decepcionantes. Es otra de las cosas que caen dentro de la canasta “así es la vida”.
La realidad es que es simplemente ridículo esperar que seas capaz de enfrentar solo una enfermedad crónica que 
te arrebata tu capacidad de trabajar, amar y jugar. Tener el apoyo emocional adecuado aumenta enormemente tu 
capacidad para sobrellevarlo.
Hablar con los familiares y amigos cercanos es vital. Una charla de la familia con tu médico o psicólogo también 
puede ayudar a permitirles saber más sobre tu enfermedad y a hablar sobre lo que te pasa en un ambiente neutral.

9. No esperes que la gente que no tiene dolor entienda lo que se siente
Es frustrante, y es fácil, enojarse cuando los demás parecen no entender. Sin embargo, como las personas con dolor 
crónico no tienen lesiones visibles, es fácil para la familia y los amigos, y especialmente para los niños, olvidar 
que hay algo que está mal. También pueden “olvidarlo” porque es difícil para ellos tener que vivir sabiendo que un ser 
amado sufre de dolor.
Entonces, no esperes que la gente que no tiene dolor entienda lo que se siente, y debes estar preparado para recordarles 
a los demás que tienes limitaciones. No se puede esperar que, especialmente los niños, comprendan las 
consecuencias de una dolencia como el dolor crónico. Esta es una lección que debe repetirse muchas veces.

10. Perdonate
La pérdida de la habilidad para trabajar, amar y jugar ocasionada por el dolor crónico puede crear sentimientos de 
culpa y fracaso. Sé consciente de tus propias expectativas, y examina críticamente todo sentimiento de vergüenza
o culpa. Seguramente no pediste tener dolor.
Los sentimientos reprimidos de vergüenza llevan al resentimiento y luego emergen como enojo. Sentirte 
culpable puede ser también una forma sutil de auto-indulgencia – cuando te enganchas en sentimientos de 
culpa, en realidad te estás sumergiendo en la autocompasión.
Perdonarte y abandonar la culpa será más fácil si eliges una postura productiva adoptando estos 10 pasos.