viernes, 16 de mayo de 2008

ÉTICA PARA ELBA ESTHER

Teresa Carreón

Hace unos días leí una nota fechada en agosto de 2005, que informaba acerca de un taller de sensibilización en formación cívica y ética para maestros, realizado en Mérida, Yucatán. Ahí, el director de educación primaria del estado en ese entonces, profesor Félix Novelo, afirmó en la inauguración, que "si el profesor no tiene una buena formación cívica y ética no la podrá inculcar a sus alumnos, de manera que tiene que predicar con el ejemplo".

Aseveró que "los planes de estudio sobre formación cívica y ética deben partir de la vida cotidiana de los niños en su contexto familiar, en la escuela y en la comunidad en general, porque de nada servirá aprender normas, recitarlas o contestar cuestionarios de hechos históricos o de héroes, si en la vida cotidiana las acciones y las actitudes, particularmente de los maestros, contravienen los principios cívicos y éticos de las relaciones con sus alumnos o entre maestros y los padres de familia".

De los resultados del mencionado evento poco sabemos, sin embargo, en el tiempo en que el gobernador de Jalisco, Emilio González, soltó en un evento masivo y con los micrófonos encendidos, tremendo recordatorio al 10 de mayo de sus detractores por haber entregado a la iglesia una enorme cantidad de dinero perteneciente al erario público, y regalar el día de las madres a las burócratas a su cargo, 83 bolsas de las marcas Tous y Coach, piratas, nos preguntamos acerca del valor de la enseñanza en general, y del aprendizaje de valores cívicos y éticos, en particular.

El civismo y la ética son filosofía moral. Aprender civismo ayudaría a las personas a recuperar el poder de la reflexión, de apropiación de las posibilidades vitales, que es a fin de cuentas, de lo que está hecha la libertad. Hegel afirmaba que el esclavo lo es porque no está conciente de sí mismo. Pero en el tipo de civilización en la que vivimos, esta tarea resulta espinosa, cuando nuestra conciencia está secuestrada por la necesidad de sobrevivir y el asedio desinformativo de los medios.

Un maestro que enseña civismo y tiene conciencia de sí, excita la capacidad crítica en sus alumnos, incentiva el análisis de los hechos que pasan y los que deberían ocurrir, haciendo de lado los dogmatismos y fundamentalismos religiosos, políticos y económicos. Sus enseñanzas ayudarían a esquivar las afirmaciones de que las cosas no pueden hacerse de otra manera, porque "así son", dejando de lado el dogmatismo de los poderosos y de sus lisonjeros y aduladores.

Promover y conducir el pensamiento lógico, el pensamiento crítico, el razonamiento, la búsqueda de información, o dicho de otro modo, realizar las tareas concernientes a la búsqueda del conocimiento, permitirá distinguir entre lo que resulta inaceptable para la dignidad humana y lo necesario para proteger y fomentar esa misma dignidad dejando de lado el pensamiento mágico para forjarse un criterio propio.

Fomentar la sana y poco usual costumbre de argumentar, transformaría las masas en pueblos interesados en la búsqueda de concebirse en voluntad común por medio del debate abierto y libre. Solamente así nos convertiríamos en una sociedad realmente plural y democrática, teniendo una opinión pública razonante y sólida, no degradada por oficiosos juniors gritones mañaneros a quienes se les han prestado los medios para difundir diariamente sus lisonjas al poder.Esas enseñanzas generarían ciudadanos que se saben y se sienten libres e iguales, exentos de cualquier manipulación ideológica.

Y es que está muy bien educar en habilidades y conocimientos, pero es esencial formar al que maneja unas y otros para que los desarrolle con buenos fines, educando ciudadanos responsables de su propia vida, que no son vasallos ni siervos, mucho menos esclavos, que participan en una sociedad de iguales, para que cuando entren en la vida adulta, aún y cuando aprendan física cuántica, sean capaces de discernir entre los valores que potencian la dignidad de los que la debilitan.

Sin embargo, el magisterio actual es de los peores pagados con respecto a la profesión social que realizan, además de su enorme desventaja frente a otras profesiones: un corredor de bolsa que es alfil menor de los señores de la especulación, y que está muy lejos de aportar algo al desarrollo social de la nación, se moriría de risa si conoce la cantidad que perciben mensualmente los educadores.

Sufren los preceptores una enorme afectación a sus derechos laborales, soportan pírricos incrementos a sus salarios, por lo que se ven orillados a cubrir dobles plazas o realizar otras actividades para complementar su salario, además de que ha sido permanente la violación al derecho de libertad sindical, siendo la principal promotora de todo esto, la líder vitalicia Elba Esther Gordillo, lideresa de un sindicato que gobierna persiguiendo un solo interés: acumular más poder y más dinero para su uso personal.

Así, los fines naturales de la educación pública de este país se marginan frente a los intereses económicos y políticos de la dirigente más temida por las administraciones panistas, a quien a cambio del voto corporativo del magisterio, le han cedido puestos de mucho poder en la Secretaría de Educación Pública: la Subsecretaría de Educación Básica y las delegaciones en los estados.

Y de todo lo anterior, diría Jorge Ibargüengoitia, las primeras víctimas son los educandos y los contribuyentes, los segundos.

Entrevistada en una ceremonia oficial de noviembre pasado, la dirigente Gordillo afirmó que "somos un sindicato pobre"; ahí mismo fue captada luciendo una bolsa Prada de colección, con valor de 30 mil pesos, algo así como cinco meses de sueldo de un profesor de recién ingreso.

Las condiciones para que un buen aprendizaje se logre, son el conocimiento profundo de la materia a enseñar, así como saber transmitir ese conocimiento; pero algo que se le olvida a la maestra que nadie ha visto que enseñe algo bueno, es ser congruente.

De ahí, la importancia del civismo y la ética, ya que impulsaría entre otras cosas, a resolver uno de los problemas centrales que enfrenta el país: la corrupción.

Pink Floyd hizo famosa la canción que escribió Roger Waters "Another brick in the wall", de su legendario disco "The Wall". Con su letra, me voy con la música a otra parte: No necesitamos ninguna educación/ No necesitamos que controlen nuestros pensamientos/ Ni sarcasmo oscuro en el salón de clases/ Profesores dejen a los niños en paz/ ¡Hey! ¡Profesores! ¡Dejen a los niños en paz!/ En conjunto es solo, otro ladrillo en el muro/En conjunto solo eres, otro ladrillo en el muro.