viernes, 27 de febrero de 2009

ANALFABETISMO Y ÉTICA

Teresa Carreón

Durante la ceremonia de inauguración de la 30 Feria Internacional del Libro del Palacio de Minería, el rector de la máxima casa de estudios, José Narro Robles, declaró que “ante la existencia de 6 millones de mexicanos que no saben leer ni escribir, el país demanda con urgencia una cruzada nacional por la alfabetización”.

De acuerdo con el Conteo del 2005, 7 de cada 100 hombres y 10 de cada 100 mujeres de 15 años y más, no saben leer ni escribir; a esas personas se les denomina analfabetas, cuyas condiciones económicas y sociales son de mayor pobreza y exclusión. Los estados y localidades que presentan menores niveles de desarrollo, alcanzan mayores niveles de analfabetismo, demostrándose así el círculo vicioso de pobreza – analfabetismo.

De acuerdo con el censo de 2000, mientras en Chiapas, Oaxaca y Guerrero la proporción de analfabetas supera el 20 por ciento, en los estados del norte del país el promedio es inferior a 5 por ciento y en el Distrito Federal no llega a 3 por ciento. La mitad del analfabetismo mexicano radica en localidades con menos de 2 mil 500 personas. En ellas, la presencia indígena es notable.También el analfabetismo es más pronunciado en segmentos de población de mayor edad y entre las mujeres. Más de la mitad de todos los analfabetas (53.2 por ciento) son mayores de 50 años; si se incluye en el grupo a los mayores de 40 años se abarca el 70 por ciento del analfabetismo total.

Los recursos dedicados a la institución gubernamental encargada de dar solución a este problema, el INEA, han decrecido: mientras en 1983 su presupuesto representaba 2.2 por ciento del gasto de la SEP, desde finales de los 90 ha sido inferior a uno por ciento.

La UNESCO considera que una nación alcanza la alfabetización universal o casi universal cuando más de 90% de su población adulta está alfabetizada.
Propone que con un 70%, el progreso hacia la alfabetización universal será irreversible, porque cualquier persona analfabeta sentirá la necesidad de adaptarse a un medio en el que predominan las personas alfabetizadas. Ojalá esto no cambie por la crisis financiera global.

Idealmente, la educación contribuye al enriquecimiento de los valores de los individuos, de sus expectativas y motivaciones para alcanzar mejores niveles de vida y bienestar. Al poner el énfasis en la educación como instrumento para desarrollar las habilidades y destrezas necesarias que permitan acceder positivamente al mercado de trabajo y hacer posible la formación de la identidad personal y colectiva para una adecuada integración en la sociedad, se estaría cumpliendo con la responsabilidad básica de cualquier gobierno.

Pero a esas buenas intenciones les ha hecho sombra la preocupante fuente de consternación en que se ha convertido nuestro acontecer cotidiano, que ha dejado la puerta abierta a la violencia salvaje del crimen organizado y a la desvergüenza de políticos y funcionarios, que han puesto en peligro la viabilidad del proyecto democrático nacional. No tienen ningún respaldo ético los deseos de aumento salarial de consejeros electorales, ni tampoco las declaraciones de funcionarios y políticos, mucho menos la conducta de los millonarios dirigentes sindicales.

Según la filósofa española Adela Cortina, la ética sirve para ser justos y felices. Desgraciadamente a mayor poder, menos ética, porque el poder corrompe y el poder absoluto corrompe absolutamente. Según ella, uno de los grandes desafíos del siglo XXI es conseguir que la gente que tenga poder tenga también ética. Que la ética llegue al poder será parte de la salvación de la humanidad.

Pone énfasis que en el terreno de la política, la obsesión por llamar la atención para recabar votos, hace que los políticos hagan cosas llamativas, y eso está reñido con la ética. Quizá ello explique que haya buenos candidatos y malos gobernantes. Si además, hay quien persuada que se haga a un lado la responsabilidad de gobernar, para ir a promover a otros candidatos como lo aconsejara Fox, vemos que la democracia está en peligro porque los políticos tienen pocas responsabilidades: deberían dar cuentas claras y ser responsables de las cosas que hacen (además de lo que prometen en sus campañas), y los ciudadanos tendríamos que ser más participativos.

Como ciudadanos debemos darnos cuenta que la democracia es el gobierno del pueblo, donde los políticos tienen que ser unos coordinadores de las sugerencias, los proyectos y las ilusiones de la sociedad. Lo que hace falta además de la alfabetización aconsejada sabiamente por el rector Narro, es una cruzada de ética a nivel nacional.

Fernando Solana Morales, ex secretario de educación, afirmó recientemente que en los años 70, el país exportaba educación a toda Latinoamérica, "hay ciudades enteras en Centroamérica que se educaron en México, pero eso ya se terminó". Lamentó la situación de la educación actual en México.

Y cómo no hacerlo si aún en el contexto latinoamericano, el desempeño de nuestro país en materia de alfabetización deja mucho que desear, ya que México ocupa el duodécimo sitio entre 20 países. En materia de confianza hacia su sistema político, México ha reprobado, según el investigador y profesor de Ciencias Políticas de la Universidad del Norte de Texas, John Booth, ya que la gran mayoría de los habitantes -103.3 millones de mexicanos- no creen en las instituciones dependientes del gobierno. Por algo será.

Mejor me voy con la música a otra parte con la canción “El que pierde la inocencia” de León Gieco: El que pierde la inocencia y la sinceridad/es un huérfano solitario que no puede ya cantar /el que esconde la sonrisa bajo un árbol sin flor /corre el riesgo de estar pálido sin las caricias del sol…

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