viernes, 5 de diciembre de 2008

DE CAPACIDADES DIFERENTES Y GENIOS

Teresa Carreón

El día de hoy se llevará a cabo una edición más del Teletón, magno festival anual cuyo propósito es el de recaudar fondos para una noble causa que es la discapacidad, las capacidades diferentes de muchos niños de nuestro país. En cada edición de ese espectáculo, se mencionan cifras a alcanzar para la construcción y equipamiento de un nuevo centro de rehabilitación infantil. Y cada año superan su meta. No cabe duda que el pueblo mexicano es muy solidario.

Sin embargo, desde hace tiempo se hace a un lado a una población infantil cuyas capacidades diferentes, el sistema educativo ha marginado históricamente y todavía se mantienen en el olvido, sin considerar el enorme potencial que tienen y cuyo aporte ha sido la piedra angular del avance científico y tecnológico de otras naciones.

Me refiero a los niños superdotados, sobredotados, talentosos, genios, sobresalientes, de rendimiento excepcional, de potencialidades únicas o con el don de la superinteligencia.

Tres de cada cien niños mexicanos tienen capacidades intelectuales sobresalientes. En México, a diferencia de algunos países del mundo, no han funcionado los programas de la SEP para detectarlos y orientarlos. Los niños superdotados y con talento, con capacidades superiores a la media, plantean a los sistemas educativos un reto importante, reto al que pobremente se está respondiendo de manera adecuada.

En los países que buscan con avidez a los genios, tienen una reconocida tradición de colaboración entre la iniciativa privada con las entidades públicas, desarrollan programas específicos en tiempos escolares y en lugares distintos a los destinados a los estudiantes en general. Se aprecia también, gran interés por adaptar contenidos, métodos, potenciar las relaciones docentes-padres-alumnos, además del trabajo con grupos étnicos — el impacto de la cultura tribal en la educación del indio superdotado, por ejemplo, es hoy uno de los factores más importantes en el trabajo con jóvenes estudiantes indios americanos y nativos de Alaska—.

La creencia generalizada de que estos alumnos son realmente aventajados y que los recursos de un país podrían estar mejor invertidos en aquellos otros que tienen dificultades de aprendizaje, déficit o discapacidad, han contribuido a que las actitudes entre los profesionales de la educación, políticos y sociedad en general hayan sido hostiles respecto a estas niñas y niños y a ofrecerles una educación diferenciada a la que tienen derecho, para asegurar que alcancen el desarrollo óptimo de su potencial sin límite.
La falta de formación de los profesores, la insuficiencia de recursos y la ausencia de oportunidades adicionales, están impidiendo que el progreso educativo de estos alumnos les permita alejarse del aburrimiento, frustración, falta de desafío y de motivación que les ofrece un sistema educativo que no considera importantes sus necesidades.

El paradigma tradicional señalaba que la superdotación es igual al alto Coeficiente Intelectual (C. I.) y su identificación sólo se basa en los resultados de test, era etnocéntrico y sólo debía esperarse atención desde el ámbito escolar. El paradigma actual señala que la superdotación es multifacética, su identificación está basada en el rendimiento, su énfasis debe encontrarse en la diversidad y se orienta hacia diversos campos del conocimiento.

Si una persona tiene unas buenas piernas y corre mucho, se le ayuda a ejercitar esta capacidad y se le anima para participar en campeonatos, convirtiéndose en nuestro país en objetivo de entrenadores de fútbol o de atletismo. ¿Qué ocurre con el cerebro entonces? Si es otro músculo, ¿no se puede desarrollar? ¿Porqué tanta incomprensión hacia quien puede tener una capacidad intelectual y en cambio tanto arrojo ante quien tiene una capacidad física menguada?

El estado no se preocupa por los superdotados. Se piensa que por tener un elevado coeficiente lo pueden todo y se ubican en cualquier clase social o grupo étnico.

Según un estudio realizado en el Reino Unido, los adolescentes inteligentes escuchan habitualmente música Heavy Metal “para lidiar con la presión asociada a tener talento”. El resultado señala que entre los adolescentes superdotados, un alto porcentaje llevan el pelo largo y les gustan grupos como Iron Maiden o AC/DC. Pero lejos de ser una señal de delincuencia o de habilidades académicas escasas, muchos de estos adolescentes “metaleros” son extremadamente brillantes e inteligentes y utilizan esta música para sobrellevar el estrés y eludir ser encasillados como “marginados” sociales.
Se cree que a los agraciados con una gran inteligencia les gusta la música clásica y que se pasan el tiempo leyendo, pero esto solo es un estereotipo. Se ha escrito mucho sobre la delincuencia que atrae a la música Heavy Metal y su asociación con los resultados académicos pobres. Sin embargo estos hechos demuestran lo contrario.

Los superdotados dicen que les atraen las letras que transportan mensajes polí­ticos y de fuerte carga emocional, más que las canciones Pop sencillas. Lejos de indicar actitudes problemáticas, encuentran en este sonido estridente una forma de catarsis.

Mejor yo me voy con la música de Black Sabbath a otra parte, con la canción de “Hijos de la tumba” (Children of the Grave): Tienen la revolución en sus ideas/ los hijos comienzan a marchar/ contra el mundo en el que tienen que vivir/ y todo el odio que anida en sus corazones. / Están cansados de ser manipulados / y de que les digan lo que tienen que hacer /Lucharán contra el mundo hasta haber vencido/ y que el amor lo inunde todo / Los hijos del mañana viven / en las lágrimas que caen hoy. / ¿Traerá el amanecer del mañana / algún tipo de paz? / ¿Debe vivir el mundo a la sombra del terror atómico? / ¿Ganarán la lucha por la paz o desaparecerán? / Así que, hijo del mundo, escuchad lo que digo. / Si queréis un lugar mejor para vivir, / haced correr la voz ya. / Mostrad al mundo que el amor todavía está vivo. / Debéis ser valientes o vosotros, hijos del presente, /seréis hijos de la tumba.

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