viernes, 20 de junio de 2008

LA CIUDAD DE NOSOTROS

Teresa Carreón

Carlos Fuentes recreó en su libro "La Región Más Transparente", el ambiente social de la ciudad de México de la primera mitad del siglo XX. En él, se puede atestiguar cómo después de la Revolución, la reivindicación popular dejó de ser la preocupación cardinal de quienes, dueños del poder político, pasaron de la lucha violenta a los tranquilos puestos directivos de la industria y la banca.

Ahí, el personaje Ixca Cienfuegos afirma de la ciudad: "Qué le vamos a hacer. Aguantarnos, mano. A ver si algún día mis dedos tocan los tuyos. Ven, déjate caer conmigo en la cicatriz lunar de nuestra ciudad, ciudad puñado de alcantarillas (…), ciudad tejida en la amnesia, resurrección de infancias, encarnación de pluma, ciudad perra, ciudad famélica, suntuosa villa, ciudad lepra y cólera hundida, ciudad. Tuna incandescente. Águila sin alas. Serpiente de estrellas. Aquí nos tocó. Qué le vamos a hacer. En la región más transparente del aire."
A pesar de que la ciudad de México ha dejado de ser –muy a nuestro pesar-, la región más transparente, los calificativos vertidos por el personaje Cienfuegos describen perfectamente no sólo una demarcación geográfica, sino un espacio vivido y temido, habitado por seres de carne y hueso. Quienes no viven en enormes conglomerados urbanos, se preguntan cómo esa cantidad excesiva de personas se ponen de acuerdo para vivir y convivir en una aparente paz. De ahí, la importancia de la construcción de una nueva ciudadanía activa y comprometida con el proyecto urbano de su ciudad, pero sobre todo, respetuosa de todos los habitantes.

La palabra "ciudad" ha sufrido serias transformaciones a lo largo de la historia de la civilización. Por su origen, la palabra ciudad admite dos interpretaciones: piedras o actividad humana. Al decir "civitas" los romanos pensaban en primer lugar en la actividad humana y sólo en segundo lugar, en la estructura física. Traducir por lo tanto "civitas" como "ciudad" sin más, no es incorrecto, pero conlleva cierta confusión. Nuestra palabra "ciudad" no designa en primer lugar la vida ciudadana, sino el escenario en el que ésta se desarrolla, es decir, primero están las calles y sólo en segundo término, los seres humanos.

Sófocles aseveró que la ciudad es la gente. Fernando Savater reflexionó en su libro "La tarea del héroe" (Ed. Destino) que "lo que hace humana a la vida es el transcurrir en compañía de humanos, hablando con ellos, pactando y mintiendo, siendo respetado o traicionado, amado, haciendo proyectos y recordando el pasado, desafiándose, organizando juntos las cosas comunes, jugando, intercambiando símbolos".

Así pues, resulta imposible considerar como único escenario educativo a las aulas escolares. Además de la familia, otro espacio eminentemente formativo es la comunidad, en la que se florece o apenas se sobrevive. De ahí, que se considere a la participación de los habitantes de la ciudad, como un acto educador y constructor de la ciudad educadora.
Hablar de una ciudad educadora implica generar educación, como factor clave en el desarrollo de los distintos proyectos personales y también colectivos, de una ciudadanía más formada, más apta para generar desarrollo, más cohesionada y próspera, más culta, más creativa y capaz de convivir en paz.

Este panorama comprende a todos los ciudadanos, sea cual fuere su edad o condición, donde la responsabilidad recae en los gobiernos locales, y también en las distintas instituciones y colectivos que intervienen en la ciudad, a partir del liderazgo capaz de estimular colaboraciones, sinergias, diálogos y pactos de los primeros, desde una perspectiva de derechos y de deberes. De una gobernabilidad democrática en la que la educación constituye un factor transversal y uno de sus ejes principales. En la que se hace de la política, pedagogía. En la que la información y la comunicación de y hacia todos los ciudadanos, es la condición indispensable para la participación en las distintas esferas posibles.

El recorrido para construir una ciudad educadora debe constituir una oportunidad de desarrollo personal y colectivo, de aprendizajes permanentes, en una perspectiva democrática y de afirmación de libertades, basándose en los múltiples saberes del pueblo para enfrentar los desafíos que enfrenta la sociedad.

Existen algunos ejemplos que ilustran muy bien este esfuerzo: la Guía para las Familias de Génova (Italia), diseñada para informar a la población inmigrante sobre la oferta educativa de la ciudad. El Comité para la Reconciliación de Adelaida (Australia) creada en 2001, para fortalecer a las comunidades aborígenes y aumentar la cohesión social entre éstas y el resto de la población. El programa de Horticultura Terapéutica de Esposende, Portugal, ofrece actividades medioambientales para personas mayores, alumnos con necesidades educativas especiales, personas con alguna discapacidad, usuarios de programas de rehabilitación del alcoholismo, o para la comunidad en general.

El servicio Municipal de Protección civil de Lisboa ofrece a maestros y alumnos el programa "La Aventura de la Seguridad" con la intención de fomentar la prevención de riesgos (incendios, terremotos, inundaciones, seguridad, etc.) entre los niños tanto en la escuela y en las casas, como en los espacios públicos. Para reducir la fractura digital entre las personas mayores y otras franjas de edad, el Ayuntamiento de Ginebra, Suiza, organiza desde el año 2000, cursos de informática y navegación por el ciberespacio destinados a personas mayores.

La Universidad de la Tercera Edad de Québec, Canadá y el Voluntariado en Educación medioambiental de personas mayores en el Parque Grande de Zaragoza, España, son otros ejemplos que manifiestan el interés por transformar un espacio físico en el que se vive, en una zona de desarrollo y crecimiento de todos sus habitantes.

Yo mejor me voy con la música a otra parte con la canción "Como Nosotros" que escribió Rubén Blades en 2002: (…) Cuando era niño mi barrio era un Continente, /Y cada calle era un camino a la aventura./ En cada esquina una memoria inolvidable,/ (…) Y en la curva de los años me encontré/ Con los muchachos con los que solía jugar,/ Con los que senderos de estrellas caminé,/ Cuando el horizonte era un atajo sobre el mar./Y recobramos las memorias con café,/Y nos tratamos aún de tú, y no de usted,/ Y reafirmamos la lección que el tiempo da:/ Que cuando hay vida siempre hay posibilidad!/ La lucha sigue, y sobrevive como nosotros,/Como yo,/Y en otros barrios hay otros niños como nosotros/ Como yo,/ Como yo!/ Como nosotros!

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