viernes, 6 de noviembre de 2009

MUROS PARA NO ENTRAR

Teresa Carreón

Casi todos los muros construidos en la tierra se han denominado “Muros de la Vergüenza”, por representar el odio, el miedo, la humillación, el abuso y la impotencia de los pueblos divididos por equivocados gobiernos que atrasan a la humanidad hasta los tiempos de la barbarie.

Durante 28 años el Muro de Berlín dividió a la nación alemana dando origen a la Guerra Fría, alineando a la humanidad en dos posturas irreconciliables. Estados Unidos y la Unión Soviética se disputaban el poder planetario a través de una carrera armamentista manteniendo en vilo a las demás naciones ante la constante amenaza de una guerra nuclear.

La creación de fronteras trajo a los alemanes muchos quebrantos. Las leyes que regían a lo largo de una calle, no eran las mismas de la de enfrente, los derechos ciudadanos de uno y otro sector tenían fuertes diferencias, así como el valor de la moneda, el costo de los alimentos, las oportunidades de trabajo y la autonomía individual. Miembros de una misma familia que habían convivido en la misma vecindad, ahora pertenecían a dos países distintos. Hasta que el 9 de Noviembre de 1989 se anunció que una parte del muro sería abierto para “viajes privados al extranjero”, hecho que marcaría el fin de tan sólo una de las barbaridades más horrendas que ha soportado la humanidad.

Ante la caída del Muro de Berlín, la humanidad esperaba cambios drásticos y trascendentales no solo para Europa sino para todo el orbe. La realidad global nos demuestra sin embargo, que no es así: en el Medio Oriente se levantan nuevos muros para segmentar a las poblaciones que el ejército norteamericano pueda controlar: el distrito bagdadí de Adamiya hoy semeja una gran prisión al aire libre, cercada por enormes bloques de hormigón. El ejército norteamericano lo denomina "comunidades cerradas".

Arabia Saudita construye un muro de concreto de seis metros de altura a lo largo de su frontera de 900 kilómetros con Irak, para “impedir el ingreso de terroristas, contrabandistas, traficantes de armas e inmigrantes ilegales”. India comenzó en 1990 la construcción de un muro de 550 kilómetros para separarse de Cachemira, Egipto construye un muro de hormigón para apartarse de la franja de Gaza, el Muro de Marruecos divide en dos el Sahara Occidental. El escritor uruguayo Eduardo Galeano lo describe así: “Y nada, nada de nada, se habla del Muro de Marruecos, que desde hace 20 años perpetúa la ocupación marroquí del Sáhara occidental. Este muro, minado de punta a punta, vigilado por miles de soldados, mide 60 veces más que el Muro de Berlín”. Este crimen contra la Humanidad sigue desafiando al mundo con sus minas, su alambre de espinas, sus fosos, armas, municiones y soldados, ante la indiferencia de la comunidad internacional.

El muro vergonzante que más duele a nuestro pueblo, se construye desde la administración de Bush y cruza California, Nuevo México, Arizona y Texas con el claro objetivo de impedir a nuestros connacionales cruzar el río Bravo. Las reglas del mundo globalizado determinan que no hay ninguna medida restrictiva para el intenso comercio existente en el área, solo para los indocumentados.

Estamos en presencia de un contraste brutal: los muros de la guerra fría eran para no dejar salir, los de la globalización son para no dejar entrar.

Mejor me voy a otra parte con la canción “La Muralla”, basada en los versos del poeta cubano Nicolás Guillén: Para hacer esta muralla, /tráiganme todas las manos: /los negros sus manos negras, /los blancos sus manos blancas. /Una muralla que vaya /desde la playa hasta el monte, /desde el monte hasta la playa, /allá sobre el horizonte. /- ¡Tun, tun! /- ¿Quién es? /- Una rosa y un clavel... /- ¡Abre la muralla! /- ¡Tun, tun! /- ¿Quién es? /- El sable del coronel... /- ¡Cierra la muralla!

1 comentario:

Irene dijo...

Tal vez, como bien dicen por ahí, lo que hay que derribar son los muros de odio que tenemos en la mente: tarea muy difícil para el ser humano.

Saludos:)