sábado, 23 de febrero de 2008

SALARIO DIGNO PARA BARTOLA



Ma. Teresa Carreón Granados

El 19 de diciembre de 2006, un policía de la Ciudad de México se encadenó a las puertas principales de la Asamblea de la Ciudad en protesta porque su salario no lo consideraba digno. En marzo de 2007, las manifestaciones realizadas a consecuencia de los bajos salarios también contaron con “performances”: un trabajador amarrado a una cruz de madera, paseado por toda la plaza de la Constitución encarnaba el sacrificio por los bajos salarios. En lo alto de la cruz, en vez de la leyenda ''INRI'' se leía ''Tope Salarial''. El 6 de febrero de 2008, Hernández Juárez, dirigente de los telefonistas, afirmó que la política económica que tiene México ha concentrado la riqueza en pocas manos y empobrecido a la mayoría.

México mantiene el muy penoso honor de mantener el peor poder adquisitivo de los salarios manufactureros ya que se han considerado salarios de explotación consuetudinaria y premeditada y salarios de moderno trabajo esclavo.

Un trabajador mexicano recibe un salario que sólo le permite alcanzar el 15% del poder de compra (calidad de vida material) de su homólogo en EU, por hacer el mismo trabajo en un producto que se venderá globalmente a precios globales. Aún en el caso de Brasil -la economía con datos disponibles de mayor similitud- su brecha es claramente menos dramática que en el caso mexicano (60%). Así, México continúa exhibiendo el peor salario real -sin mejora alguna- en paridades de poder de compra (PPCs), ya que tiene la mayor brecha de salario con Estados Unidos (85%), cuando se compara con otras economías emergentes y frente a ocho economías desarrolladas.

Un salario digno se considera universalmente como el elemento más importante para el logro del derecho de todos a una vida decorosa, decente y a la erradicación de la pobreza. Las empresas, instituciones u organizaciones sin considerar su tamaño o giro, sean públicas o privadas, no pueden estimarse socialmente responsables si no pagan un salario digno a las personas que contrata, independientemente qué tan responsablemente se comporte en todas las demás áreas de su actividad.

La Alianza Global Jus Semper ha llevado a cabo una amplia investigación comparativa, con el fin de identificar las variables claves necesarias para desarrollar un nuevo concepto de salarios dignos, con el interés de una solución concreta, realista y efectiva a la brecha salarial. Así, surge la Iniciativa Salarios Dignos Norte y Sur (LISDINYS) y propone un programa estratégico a largo plazo para involucrar a todos los actores y transformar gradualmente a la actual brecha salarial Norte-Sur en un nuevo sistema con beneficios para todos.

A mediados de 2002, LISDINYS fue presentada como borrador de trabajo permanente a diferentes sectores de la Sociedad Civil Organizada: sindicatos, asociaciones de consumidores, centros de investigación y otros actores dedicados a la justicia social, para enriquecer su concepto y estrategia con su experiencia, con el propósito de enriquecer su efectividad. Como resultado, LISDINYS está actualmente posicionado como un concepto de Responsabilidad Social Corporativa con un enfoque tridimensional que abarca el impacto de la actividad de una empresa en sus dimensiones social, económica y ambiental. La idea de una iniciativa global en pro de salarios dignos ve su primera luz con la preocupación por los criterios dramáticamente diferentes que utilizan las empresas globales para compensar a sus trabajadores en el mundo desarrollado y a los que tienen en el llamado mundo en desarrollo.

Con la liberalización y globalización de los mercados, las trasnacionales venden sus productos al mismo precio o a uno similar tanto en sus países matrices como en todos los demás donde están activos. Alcanzan la máxima utilidad cuando el proceso de manufactura en los países en desarrollo (o del Sur), va a la par en calidad y eficiencia de producción con las normas utilizadas en sus matrices, pero con un costo laboral dramáticamente más bajo.

Los mercados y las operaciones de producción y mercadeo de las trasnacionales son globalizados pero sus costos laborales permanecen estratégicamente muy bajos para lograr máxima competitividad y valor del accionista a costa de los trabajadores del Sur. La situación resultante es que las trasnacionales reciben todo el beneficio.

Lo que ha ocurrido, con la globalización de los mercados, es el dramático alejamiento entre los salarios de los países desarrollados (denominados del Norte) y los del Sur. Mientras el nivel de vida de un obrero en el Norte lo habilita para vivir dignamente y tener un nivel básico de comodidad, un obrero laborando para la misma empresa en el Sur, haciendo exactamente el mismo trabajo con el mismo nivel de calidad y eficiencia, vive en una villa miseria en una casa de cartón sin drenaje, agua potable y electricidad legal.

En la democracia real el propósito de todo gobierno es procurar el bienestar de todos y cada uno de los rangos de la sociedad, especialmente de los desposeídos, con el único fin de que todos tengan acceso a una vida digna; en un entorno en donde el fin de las sociedades democráticas es el bien social y no el mercado. El mercado es sólo un vehículo para generar bienestar material.

En este entorno, y con los mercados globalizados, los trabajadores que desempeñen la misma labor o una equivalente para la misma empresa, en la generación de productos y servicios que esta empresa comercialice a precios globales en el mercado global, tienen que disfrutar de una remuneración equivalente. Esta remuneración equivalente se considera un salario digno, el cual es un derecho humano.

La calidad de vida material en la LISDINYS de Jus Semper se define en términos de poder de compra de tal forma que la igual remuneración ocurre cuando el poder de compra es igual. El poder de compra se determina utilizando las paridades de poder de compra (PPCs).
La situación salarial en México continúa siendo patética desde cualquier ángulo. Comparado con economías desarrolladas o similares, México tiene los peores salarios y sigue empeorando. A partir de las devaluaciones que arrancan en 1976, los salarios reales manufactureros –en función de su homologación en base a poder adquisitivo (PPCs) con los de EU– inician una constante pérdida, reduciéndose 50%, entre 1975 y 2005, pues los patronos ajustan sus precios, mas no así los salarios.

A partir de la gran debacle financiera de 1994 y del ingreso de México al Tratado de Libre Comercio de Norteamérica, los salarios caen perdiendo más que nunca su poder adquisitivo. Esto genera un durísimo empobrecimiento de la población.
En el caso de Brasil, un país con un grado de desarrollo similar, la brecha salarial también ha aumentado, pero no en los niveles ni con el dramatismo de México y desde 2002, se ha recuperado en 42%.

El futuro inmediato se espera aún peor. En 2008 el aumento oficial al salario mínimo nominal mexicano, parámetro para todos los sectores, fue de 4%, con el argumento de que la inflación de 2007 fue de sólo 3,76% lo cual es paradójico, pues el Banco Mundial reporta aumentos de 36,7% en alimentos y 48% en energéticos. El costo de la canasta básica de 42 alimentos aumentó 35% en 2007. Esto refleja la clara manipulación de datos del gobierno mexicano y una política de pauperización salarial.

En suma, un cuarto de siglo de neoliberalismo en México exhibe, con contundencia una situación, en función de los salarios y de los empleos no creados, de profundo empobrecimiento y lo peor de todo, es que no hay ningún signo de mejoría ni voluntad política para cambiar esta tendencia por quienes esgrimen el poder muy cuestionablemente.

Es mejor que la música nos lleve a otra parte y como diría Chava Flores: “Mira Bartola, ahí te dejo esos dos pesos, pagas la renta, el teléfono y la luz…”

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