viernes, 29 de abril de 2011

DE SIMULACIONES


Teresa Carreón

Hace unos años todos los periódicos anunciaron que el gobierno de los Estados Unidos rescató a Citigroup, uno de los grupos financieros más importantes del mundo, con un paquete de 20 mil millones de dólares absorbiendo una pérdida por 249 mil millones de dólares. Hace casi 20 años, a finales de la década de los años 80, en México pasó lo mismo, cuando nació el FOBAPROA.
En su columna semanal “Termómetro”, el periodista Javier Cadena comenta que “los empresarios desean recibir trato de patriarcas ya que, ellos mismos lo creen, en un acto paternal presumen que arriesgan su dinero para dar empleo a los que lo único que tienen es su fuerza de trabajo, y estos últimos lo deben de agradecer para siempre, aunque los empleos no sean los suficientes ni los de mejores salarios, y el gobierno les dé muchas oportunidades a los ínclitos integrantes de la iniciativa privada para, por ejemplo, deducir impuestos.”

Pero ¿qué pensar de los ejecutivos de las empresas que sin ser sus propietarios defienden con coraje los intereses empresariales y se comportan peor que capataces frente a los trabajadores para garantizar la creación de la riqueza que no será para ellos, sino para los dueños? Así, no sorprende saber que una empresa millonaria en ganancias quiera despedir a miles de empleados, pretextando ajustes en sus presupuestos aunque días después anuncie que se gastará millones en incentivos a los directivos, tal como ha ocurrido en los recientes años.


En ese contexto se comprende –aunque no se justifica- porqué en el país tenemos empresarios ricos que son propietarios de empresas pobres, aunque de ahí después vengan los Fobaproa, el rescate carretero, el rescate bancario y otras políticas públicas que los gobiernos nacionales efectúan para salvar los negocios que los empresarios se empeñan en manejar pésimamente.

Por ello es muy fácil llegar a la conclusión de que llevar a la quiebra a una empresa, es un buen negocio. Baste con recordar la quiebra técnica de Mexicana de Aviación calificada como “fraude maquinado” por Heliodoro Díaz Escárraga, presidente del Comité de Administración de la Cámara de Diputados, ya que la empresa de Gastón Azcárraga se benefició con créditos de Bancomext y Banorte por un monto de 3 mil millones de pesos.


Entonces, regresando al texto de Javier Cadena, habrá que hacer caso de su recomendación de “evitar escuchar a esos personajes que se presentan ante los simples mortales como entes tocados por el dedo de Dios, y en ese tenor, exigen un trato preferencial, pero por desgracia, todo redunda en ser unos simples simuladores profesionales: ellos hacen como que me pagan, yo hago como que trabajo, se dice de manera cotidiana, sobre todo en los sectores que tienen el privilegio de contar con un empleo, en este México, paradójicamente, gobernado por el autonombrado Presidente del Empleo.”


Y bien hace Cadena en calificar este manejo mediático como simple y llana simulación en la que mientras algunos empresarios son más ricos, los trabajadores son más pobres. Por eso, mejor me voy con la música a otra parte con la famosa canción de The Platters, “The great pretender” (El gran simulador): ¡Oh! Sí, yo soy el gran simulador, /Riendo y feliz como un payaso /Pareciéndome que no lo soy, /Ya ves, estoy usando mi corazón como una corona /Pretendiendo que todavía estás cerca.
 

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