viernes, 5 de noviembre de 2010

ÉTICA Y EMPRESARIOS


Teresa Carreón

Aprovechando el puente que el día de muertos nos obsequió este año, decidí pasear por nuestra hermosa ciudad de México. Dos cosas llamaron poderosamente mi atención, grandes franjas de la ciudad se encuentran a oscuras, pues los postes de luz no la tienen y la segunda, el mal servicio que ofrecen algunos restaurantes.

De la primera situación no sé a quién le compete remediarla, si al gobierno del Distrito Federal o a la Comisión Federal de Electricidad. Pero de la segunda, estoy convencida que son los empresarios quienes tienen la total responsabilidad. Me explico: visité dos restaurantes ubicados en zonas conocidas como turísticas, ya que uno se encuentra en el centro de la ciudad y el otro en la llamada zona azul del D. F., o sea, en avenida Insurgentes Sur.

En ambos casos, los restaurantes se encontraban abarrotados de comensales y todos esperaban bastante tiempo para que se les diera una mesa. Una vez ubicados en ella, la atención era lenta y mala por parte de los meseros. Fácilmente se podría culpar a estos servidores (asociados les llaman en algunos lugares), de ofrecer como dádiva su servicio, pero al voltear a ver el lugar, en ambos casos ocurría lo mismo: los meseros era pocos para atender esos establecimientos, peor aún siendo días festivos.

Cualquiera bienpensante podría atribuir a la crisis, el comportamiento de los administradores de esos centros de servicios, quienes por ese motivo, han reducido el personal al mínimo. Si uno se vuelve observador, se podrá advertir que en sitios donde atendían varios empleados, ahora se encuentra uno solo dando la cara al mismo número de clientes o usuarios, ya que el promedio de ventas o servicios se ha mantenido sin variación. Es más, algunos medios difundieron mayor derrama económica que dejarían estas fiestas a la industria del pan.

Así pues, la crisis les ha dado a los empresarios en bandeja de plata el pretexto ideal para adelgazar sus plantillas y presionar para que los trabajadores que aún no despiden, trabajen por el mismo salario el doble o triple de tiempo. Sorprendentemente en esta época de desempleo exorbitante, hacen falta más trabajadores. Los dueños de los negocios tienen el magnífico pretexto para aterrar y sobrecargar a los empleados que sobreviven a los constantes recortes, sin renunciar a un solo peso más de ganancias. Los patrones tradicionalmente son fieles al lema de “Trabajar más y cobrar menos”, pero sus principios sólo se dirigen a las percepciones de los asalariados, no a las propias.

Resulta pues, que quienes tienen en su código de ética la mayor creación de la riqueza y de fuentes de empleo de los países, afirmación que les sirve para torcerle el brazo al gobierno que se les ponga enfrente y con ello obtener mayores canonjías, son los primeros en ser beneficiados directamente por la crisis. La ética de accionistas, propietarios, administradores y directivos se vuelve una materia imprescindible para que las empresas de este siglo cumplan sus fines, garantizando los derechos e intereses de los grupos que le benefician: empleados, clientes, accionistas, proveedores y socios de sus negocios, así como la sociedad en general.

Mejor me voy con la música a otra parte con la canción “Me matan si no trabajo” de Nicolás Guillén y Daniel Viglietti: Me matan si no trabajo, /y si trabajo me matan. /Ayer vi a un niño jugando /a que mataba a otro niño. /Hay niños que se parecen /a los hombres trabajando. /Ay, quién le dirá cuando crezcan /que los hombres no son niños, /que no lo son.