viernes, 27 de agosto de 2010

FRONTERA NORTE


Teresa Carreón

Thoreau afirmó que las fronteras no son el este o el oeste, el norte o el sur, sino allí donde el hombre se enfrenta a un hecho. Las fronteras son zonas de contraste. Técnicamente una frontera es una línea de separación y de contacto entre dos o más Estados; aspiracionalmente, es una porción de territorio donde se controlaría el flujo de la gente, los fenómenos y las relaciones. Además de la economía, la lengua, la cultura, la religión, un factor de división entre los seres humanos han sido las fronteras territoriales. En México, la frontera norte es percibida principalmente como barrera, límite o línea de demarcación entre dos realidades diferentes: la mexicana y la estadounidense, y, por extensión, la latinoamericana y la norteamericana. En resumen, la frontera norte de México es un agujero negro, que absorbe todo lo que pasa por ahí…

Recientemente, el periódico Vanguardia de Coahuila, reportó que balas perdidas provenientes de Ciudad Juárez, Chihuahua pegaron en el edificio municipal y en otro de la universidad de El Paso, Texas. Los balazos se atribuyen a tiroteos entre narcotraficantes del lado mexicano de la frontera, causando pánico en una de las ciudades más seguras de Estados Unidos.

En otro estado fronterizo, Tamaulipas, personal de la Armada de México halló 72 cadáveres en un rancho, luego de un enfrentamiento con un grupo de la delincuencia organizada en el que murieron tres presuntos sicarios y un marino. Los 72 cadáveres localizados corresponden a ciudadanos de distintas nacionalidades, de Centro y Sudamérica: salvadoreños, ecuatorianos, guatemaltecos y brasileños, que como indocumentados se habían internado en territorio nacional. El único sobreviviente de este incidente, fue un joven ecuatoriano de 19 años de edad, el cual fue rescatado por las autoridades.

Todas las ciudades y los pueblos que se ubican en la frontera norte de México (donde empieza Latinoamérica), son ciudades llevadas al borde, que se miran en sus límites entre la realidad y la ficción, donde se erigen zonas industriales en espacios en medio del desierto que, con el paso del tiempo, se han convertido en franjas de peligro y amenaza no sólo para las mujeres –donde los cuerpos de las muertas se han ido sembrando en el territorio mexicano-, sino también para las familias y para toda la población civil. La frontera norte se ha vuelto el espacio de la conspiración, la intriga, donde brillan por su ausencia la justicia y la seguridad por la impunidad cobijada por la corrupción y el imperio del dinero.

El escritor chileno Roberto Bolaño afirmó que las ciudades fronterizas son hoteles de paso. Y cómo no van a serlo si históricamente, la frontera norte de México ha sido una zona de tensiones continuas entre los gobiernos de los dos países, donde grupos de bandidos han cruzado la línea internacional en las dos direcciones con el propósito de realizar robos y otras fechorías y luego refugiarse en el país vecino para evitar ser tomados presos por las autoridades.

El crítico literario Álvaro Bisama estableció una comparación entre la Santa Teresa –nombre ficticio de Ciudad Juárez en la novela “2666” de Bolaño- y Macondo –pueblo irreal descrito en la novela “Cien años de soledad” del premio Nobel García Márquez-: Si Macondo era la ciudad mítica que narraba el origen de Latinoamérica, Santa Teresa, es la ciudad que narra su fin.

Mejor me voy con la música a otra parte con la canción “La Frontera” de Juan Gabriel: A mí me gusta más estar en la frontera /porque la gente es más sencilla y más sincera /me gusta cómo se divierte y como lleva /la vida alegre, positiva y sin problemas…