viernes, 25 de junio de 2010

LA MÚSICA DE MONSIVÁIS


 

Teresa Carreón






Chorros de tinta corren despidiendo a Carlos Monsiváis quien, según su entrañable amiga Elena Poniatowska, aglutinaba él sólo a 17 personas diferentes. Revisando las opiniones de los personajes cercanos al desaparecido periodista, podemos acercarnos a algunos de ellos. Doña Elenita Poniatowska dijo acerca de su entrañable amigo en su cumpleaños 72: "Gran polemista, gran interlocutor, gran luchador social de toda la vida, gran promotor de la sociedad que se organiza, cronista, guía y gurú de los jóvenes de hoy que lo aman y lo siguen, Monsiváis, además de recoger con humor y sentido crítico los episodios de nuestra historia, ha denunciado todas las atrocidades sociales y lo consideramos desde hace muchos años la conciencia moral de México”




Monsiváis es conocido por sus opiniones filosas como lanzas de guajiros; su ánimo creativo que subyace en sus textos, desvela en la mente del lector una realidad tradicionalmente encubierta por la cursilería y el melodrama poblada por héroes chatos, carentes de inteligencia y proclamados como tales por hechos meramente fortuitos, que gracias a su espíritu crítico y su corrosiva desconfianza hacia cualquier personaje del poder, ayudó a interpretar la lacerante realidad con humor e ironía. Nunca accedió a los llamados de los poderosos; mantuvo su lente crítico ante los embates de los dogmáticos y autoritarios. Fabrizio Mejía ha comentado que “el relajo es, qué duda cabe, el ánimo permanente de Monsiváis”.

En el homenaje póstumo que el Gobierno del Distrito Federal le organizó al escritor, crítico y periodista en el Teatro de la Ciudad Esperanza Iris, el pasado lunes 21, donde pudieron compartir sus diferentes experiencias con el desaparecido comentarista, el caricaturista Rafael Barajas El Fisgón, lo llamó San Simonsi, basándose en una narración del Catecismo para indios remisos y dijo que “cansado de que a los círculos del infierno llegaran solamente ánimas arrepentidas, Luzbel decidió inventar un engaño supremo. Lo dotó de un nombre tan impío que, al ser pronunciado, era menester hacer el signo de la cruz: lo llamó San Simonsi y lo llevó a vivir en una colonia del mismo nombre y lo hizo, por si fuera poco, el Santo Patrono de las causas perdidas en el país de las causas perdidas… San Simonsi hoy está en el paraíso de los excéntricos, rodeado de gatos, libros antiguos, fotos y se la pasa echando chisme con sus viejos amigos: Ignacio Ramírez, Vicente Riva Palacio, Walter Benjamin… dichosos ellos, seguro que se divierten”, comentó el caricaturista antes de reiterar la propuesta hecha años atrás por Jesusa Rodríguez: nombrar Monsiváis a la calle San Simón, donde se ubica la casa que habitó el periodista en la colonia Portales.

Marta Lamas, recordó que Monsi fue un aliado clave en las diversas luchas de las feministas., ya que no sólo escribió sino que apoyó de manera muy eficaz, inteligente y estratégica ese movimiento. Con igual emoción describió al personaje que cuidaba personalmente a sus gatos y que los nombraba con nombres originales: Pío Nonoalco, Carmelita Romero, Eva sión, Nana Nina Ricci, Chocorrol, Posmoderna, Fetiche de peluche, Fray Gatolomé de las bardas, Monja desmatecada, Mito genial, Ansia de militancia, Miau Tse Tung, Miss oginia, Miss antropía, Caso omiso, Zulema Maraima, Voto de castidad, Catzinger, Peligro para México, Copelas o maullas, entre otros.

Sin embargo, uno de los personajes que Monsiváis interpretó en su creativa vida, poco se conoce. Alfonso Arau en 1965 organizó un grupo de rock parodiando al de los Beatles, Los Tepetatles (tepetate y la terminación tles como en el nombre del cuarteto de Liverpool), grupo contracultural por antonomasia, abuelos de Café Tacvba y padres de Botellita de Jerez; Los Tepetatles estaban conformados por el cineasta Alfonso Arau en la voz, Marco Polo Tena (integrante de Los Rebeldes del Rock) al bajo, Julián Bert (quien había sido músico de Bill Halley) al  piano, el guitarrista Marco Antonio Lizama, y José Luis Martínez, en la batería, mientras que José Luis Cuevas y Vicente Rojo se encargaron del diseño gráfico y vestuario. Las divertidas letras fueron escritas por la originalidad estilística de Monsiváis.

El grupo grabó solamente un álbum. Su canción más conocida fue el tema “Tlalocman” (años después la tocaría el grupo de rock Botellita de Jerez), que muestra a un súper héroe mexicano, quien usa súper poderes para vencer villanos, ver mujeres y pagar quincenas. Con buenas dosis de humor, Los Tepetatles es hoy un referente cultural y contracultural del rock hecho en México, un grupo de culto, autónomo y original. Por todo lo que aportó, Monsi es absolutamente imprescindible.

Mejor me voy con la música a otra parte con la canción “Tlalocman”: Me sobran superpoderes /también me sobra debilidad / y con mi supervista te puedo nena, radiografiar /me dicen Gutierritos los que no saben que soy Tlálocman. /He combatido a los villanos /que del espacio suelen llegar /pero mi suegra me quiso /regañar, por haragán…




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