viernes, 11 de julio de 2014

El quinto partido

Juan Villoro


viernes, 11 de julio de 2014

Desde hace décadas la obsesión del futbol mexicano consiste en llegar al quinto partido. En política eso ya es una realidad. Pertenecer al quinto partido en las preferencias de los electores no cambia la agenda nacional, pero da notables dividendos a quienes ahí participan.
El Partido Verde Ecologista de México lanzó una campaña en pro de la pena de muerte sin que eso le representara mayor costo social. Aunque acabar con una vida no es ecológico, la incongruencia causa poca alarma en un país donde los lemas no se asocian con la realidad. Consciente de que nunca ganará unas elecciones, el PVEM puede proponer una medida extrema sin asumir la responsabilidad de ejecutarla. Gana algunos votos con ello y se abstiene de las molestias de gobernar.
No todos los partidos pequeños tienen esta actitud de becarios de la democracia, pero es obvio que no han sido capaces de corregir los vicios de los grandes partidos. Cuando Gabriel Quadri se presentó como candidato a la Presidencia por Nueva Alianza, propuso arrebatarle la chamba a los profesionales del erario para devolvérsela a los ciudadanos, pero ese atractivo mensaje resultó ser otra variante de la demagogia.
Por si faltaran agrupaciones pequeñas, tres nuevas plataformas podrán ser votadas. Ante el descrédito de las ideologías, sus nombres no aluden a la política sino a valores morales que recuerdan las difusas carreras de humanidades ofrecidas por las universidades “patito”.
El pueblo de México tendrá la oportunidad de votar por la Regeneración Nacional, el Encuentro Social o el Frente Humanista. La oferta es tan vaga como la de distinguir al Antropoide Pensante del Humano Racional.
Esos membretes amparan posturas más o menos concretas. En el caso del Movimiento de Regeneración Nacional, el nombre se justifica por ser un acrónimo, siglas que se pronuncian como una palabra: Morena. Su líder, López Obrador, ha señalado su diferencia con el PRD, al que juzga conciliador al grado de ser cliente del PRI y hasta del PAN.
Por más positivo que sea definir posturas, la izquierda -de por sí en tercer lugar de las preferencias- avanzará poco al presentar dos formatos electorales. Uno de los grandes vicios de la mente izquierdista consiste en sospechar más del que tiene al lado que del que tiene enfrente; el aliado que discrepa es visto con mayor desconfianza que el enemigo frontal. La deseable confluencia del PRD y Morena se ha convertido en una lejana utopía de la concordia.
Por su parte, el Partido Encuentro Social tiene vínculos con la iglesia evangélica y practicó el acarreo con despensas regaladas en sus mítines de afiliación. Su presencia en el padrón electoral no es una buena noticia para el Estado laico ni para la transparencia.
En cuanto al Partido Humanista, se le asocia con Felipe Calderón y sus seguidores, deseosos de contar con un espacio político luego de perder las elecciones internas del PAN ante Gustavo Madero.
Lo humano se aplica a cualquiera de nuestras acciones: errar es humano, llorar es humano. El humanismo se separa de esta tendencia en la medida en que enaltece los valores que la mayoría de los mortales no cumple. No apela a lo que somos, sino a lo que deberíamos ser.
Si la referencia de ese partido es Calderón, podremos identificarlo con el error humano. El sexenio calderonista dejó un saldo aproximado de 80 mil muertes violentas y 30 mil desaparecidos. Asociarlo con el humanismo es forzar las palabras al grado de considerar que un asesinato es un “daño colateral”.
De acuerdo con el informe de calidad ciudadana del INE, ningún oficio cuenta con tanto descrédito como el de diputado. La relación del legislador con los votantes acaba el día de la elección. A partir de ese momento sigue una agenda que en ocasiones ni siquiera representa a su partido, sino a los tejemanejes del gasto público y del tráfico de influencias.
Si toda empresa necesita abogados, en el México de los monopolios los grandes consorcios necesitan diputados, según se evidenció en la reciente aprobación de las leyes secundarias para la reforma de telecomunicaciones.
Ciudadanizar la política representa un desafío esencial en un país donde los profesionales del gremio han velado en lo fundamental por sus propios intereses.
Tenemos una democracia representativa en la que sólo contamos con poder el domingo de elección. Hasta que no haya formas de participación más directa, la regeneración, el encuentro social y el humanismo serán expresiones huecas.
La mala noticia es que hay nuevos partidos. La peor es que ya había otros.

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