miércoles, 30 de julio de 2014

EL INSECTO Y LA MEMORIA


Veo la foto de un insecto bellísimo. No sé de qué tipo es o a qué especie pertenece, no cambiaría nada: igualmente me parecería bello. Está parado sobre una flor lila que en los tiempos recientes, descubro que es mi color predilecto porque cada vez que lo veo, mis ojos prefieren posarse en ese tono para descansar o quedarse por largos ratos.
Pero no es el insecto lo que realmente me produce la sensación que ahora me emociona. Es la posibilidad de tocar ese timbre que me lleva al disfrute, al goce, a la inspiración. Podría decir que es cuando siento que, casi, roso la mano de Dios. Es una sensación de éxtasis que debe acentuarse tanto como la palabra que define ese momento.
No es solamente ver al animalito que parece que con una patita se toca su gran ojo o una parte de su cabeza, no. O es que al observarlo detenidamente parezca conmovedor verlo acariciarse o dolerse, adquiriendo notas graciosas o tiernas. O quizá que al mirarlo posarse sobre una flor cuyo color ahora absorbe mi atención por completo, contrasta con su tono verde intenso del insecto patón. Pero no es eso tampoco.
Creo que es que acabo de tener una linda conversación de amistad y afecto puro y sincero y parece como si le hubieran hecho rizos a mi alma. Al hacerlo me acordé de los momentos dorados de mi vida, cuando he tenido nítidos logros. Y se han dado estando al frente de un grupo de personas que buscan aprender algo guiados por mí. Y esa actividad me ha producido un enorme placer, de esos que se confunden con el juego, con la danza, con la risa fluida, sonora, líquida, transparente…
En repetidas ocasiones he estado en la necesidad de buscar recuerdos notables y me he enfrentado a una memoria clausurada, cerrada, bloqueada, que se niega a cumplir mis órdenes, como si fuera una caja fuerte cuya combinación que posibilita su apertura sea totalmente desconocida por mí.
Esa memoria que se paraliza de miedo porque cree que va a ser reprendida en cuanto ofrezca el recuerdo solicitado y se ha acostumbrado a vomitar solamente los acontecimientos más vergonzantes y dolorosos, por los cuales uno vive creyendo que la propia vida ha sido una basura.
Esa memoria que uno cree glotona, porque ha devorado todo cuanto ha pasado y no ofrece ni una pisca de recuerdo relacionado con la risa estruendosa, el relajo y el barullo que han sido una vocación personalísima, decidida cuidadosamente y para la cual siempre hubo total disposición.
La búsqueda de recuerdos que dignifiquen aunque sea un poco, mi inclinación por la disidencia que me ha llevado a manifestaciones, a conciertos en los que he cantado a gritos, sola, con decenas de personas que me rodeaban en esos momentos, a encuentros con personajes del pasado tan admirados por ser abiertamente luchadores y defensores de los débiles aunque eso les haya costado una dentadura.
O todas las memorias – tantas – producidas por el frondoso disfrute ocasionado por los viajes, como Diego diría 'On the road' parafraseando a Jack Kerouac, traslados que me han llevado a conocerle la espalda al planeta, los talones y las castañuelas. Que me han permitido hablar y aprender de personas tan importantes que no sé por qué los llamamos indígenas pero que son sabios, verdaderos, dolorosos, fuertes, valientes, y muchas cosas más. Que se han reunido por algo que se llama “curso”, cuando las lecciones, las verdaderas, las estaba recibiendo yo. Esa memoria que me oculta al tuerto don Toño, que hizo llorar, sin saberlo, a Moravia por haberle compartido la historia de su ojo perdido al ser picoteado por su querida gallina. O doña Lola que tan solo quería aprender a hacer “pan moderno”. O a Quico, ese líder de la seca comunidad “Tierra y Libertad”, nieto de Gertrudis Sánchez, que en su propia casa nos ofreció un banquete de pollo en mole y arroz. O la historia de los narcos que atravesaban el desierto mexicano de noche. O las historias de las doñitas esas, Penélopes a la mexicana que les pegaban los maridos por las noches y de día cosían las servilletas para “dar de tragar a sus hijos”, o el señor que le enseñó a contar en ñañú a Moravia hasta cinco, o la historia del gatito poblano que se llamaba Colate, igual que el esposo de la Paulina Rubio, en cuya casa comimos un mole de olla espléndido Diego y yo, con calabazas recién cosechadas por sus dueños, o esa vez que les puse a los participantes a un curso una película y acabaron todos parados encima de sus sillas diciendo “Carpe Diem” y Moravia tenía los ojos grandotototes, llenos de luz.
Si pues, esa memoria que todo lo engulle y no suelta nada.



Hoy es miércoles 30 de julio de 2014.

viernes, 18 de julio de 2014

Réquiem por Johnny Winter


¿Qué significa ser analfabeta?

Analfabetismo: Deuda histórica‏

Leer y escribir nos permiten, sobre todas las cosas, tener la posibilidad de aprender más, pero también de manera progresiva y acumulativa.
Mario Luis Fuentes 14/07/2014 00:53
Imaginemos por un momento no tener la capacidad ni de leer ni de escribir. Es un ejercicio sumamente difícil porque, explican los neurolingüistas, una vez que se aprende a leer y a escribir toda la estructura de nuestra mente se transforma; literalmente, ahora pensamos de manera distinta a quien no cuenta con esta capacidad.
Leer y escribir nos permiten, sobre todas las cosas, tener la posibilidad de aprender más, pero también de manera progresiva y acumulativa. Potencia nuestra memoria, pero también nuestras capacidades de abstracción y generación de nuevo saber a partir de lo aprendido.
Leer y escribir permiten, además, mejorar nuestras capacidades sensitivas, en el sentido más amplio del término; pero además, aunque parezca sorprendente, la ciencia nos ha enseñado que también se incrementan nuestras capacidades para sentir; de ahí que haya quien afirma que después de leer poesía una persona no se vuelve a enamorar igual.
Desde hace años, el rector de la UNAM, el doctor José Narro, ha hecho énfasis en el llamado a erradicar el analfabetismo. Su argumento es incuestionable: no hay argumento ético ni técnico que permita justificar que en México haya millones de personas que no saben leer ni escribir.
De acuerdo con los datos oficiales, al cierre de 2013 habría 4.73 millones de personas mayores de 15 años en condición de analfabetismo; a ello debe agregarse que en total hay 31.78 millones de personas en el mismo rango de edad que se encuentran en condición de rezago educativo, es decir, no han concluido los estudios de secundaria.
Debe decirse que en esta administración se han tenido dos aciertos de la mayor relevancia: el primero, el haber reconocido que en México hay millones de personas que viven con hambre y que es urgente actuar al respecto; el segundo, el haber fijado como meta sexenal reducir a la mitad el número de personas analfabetas al finalizar el sexenio.
El esfuerzo que debe llevarse a cabo es mayor, pues implica diversas acciones: profesionalizar a las y los alfabetizadores, desarrollar nuevas currículas con base en criterios de pertinencia y orientados al desarrollo del aprendizaje en personas adultas. También será necesario generar alianzas interinstitucionales para que la tarea de la alfabetización motive a las personas a matricularse en primaria, y sobre todo, para vincular las labores pedagógicas con otros programas sociales.
Alfabetizar a más de 2.3 millones de personas en cinco años va a requerir una intensa movilización social, pero también capacidad de imaginación institucional porque no debe olvidarse que también hay, según los datos del censo de 2010, alrededor de 450 mil niñas y niños entre 8 y 14 años que no saben leer ni escribir.
Para ellos hay que generar nuevas alternativas de escolarización y brindarles todo el apoyo institucional posible: becas, apoyo para la adquisición de útiles escolares y uniformes, apoyos alimentarios y su incorporación a los programas de desarrollo social, fundamentalmente Oportunidades y Seguro Popular.
Abatir el hambre y la ignorancia formaba parte de los anhelos enarbolados por José María Morelos hace 200 años. La deuda histórica sigue ahí; el reto, por lo tanto, se encuentra en pasar a la acción, al acuerdo político con altura de miras, y al fortalecimiento de un Estado al que le urge ser transformado en un nuevo entramado jurídico e institucional para la justicia y el bienestar.
*Investigador del PUED-UNAM
                Twitter: @ml_fuentes

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lunes, 14 de julio de 2014

EL DIFÍCIL DON DE AMAR CIUDADES

ALBERTO RUY SÁNCHEZ
| DOMINGO, 6 DE JULIO DE 2014 | 00:10
ALBERTO RUY SANCHEZ. El autor es poeta, narrador y ensayista. Su libro más reciente es la novelaElogio del insomnio, publicada por Alfaguara (FOTO: NINA SUBIN )


Pocas ciudades ofrecen como Quito, una impresión de la manera en la cual las urbes coloniales tomaron un aspecto y un carácter a partir del establecimiento de las órdenes religiosas en ellas. Conventos e Iglesias, fueron, en el lenguaje urbano que tomaba forma, las letras capitales, los verbos y los sustantivos. En la composición de la ciudad fueron tan importantes como las plazas públicas o "plazas de armas", la catedral, el palacio de gobierno, el cuartel, el mercado. En nuestra vida laica solemos olvidarlo. Las ciudades tenían una traza eminentemente religiosa donde el poder y la acción de las órdenes era fundamental para el establecimiento del nuevo mundo. En la actual Ciudad de México, por ejemplo, el espacio que ocupaba el convento de San Francisco en la capital novohispana ha sido casi borrado pero era una enorme proporción de la urbe. Quedó la Iglesia en la actual calle de Madero y un atrio que colinda con la Torre Latinoamericana. Una arquería perdida por allá, y sin duda muchas piedras en todas las construcciones aledañas. Desde la desamortización de los bienes de la Iglesia a mediados del siglo XIX los conventos fueron divididos o derribados, vendidos o repartidos. Quedo poco en comparación con lo que fueron.
Algunas excepciones se deben a circunstancias especiales. El fabuloso convento de Santo Domingo, en la capital de Oaxaca, se salvó de ser dividido en cientos de pequeños lotes porque había sido convertido en cuartel. Y ya en manos del ejército conservó su tamaño. El actual jardín botánico a espaldas del convento, una maravilla exuberante y bellísima en manos del sabio etnobotánico Alejandro Ávila, hace treinta años era un patio llano de maniobras militares. Y se salvó de ser convertido en hotel y en centro comercial a la americana, en mall, porque muchos ciudadanos, con el liderazgo fundamental de Francisco Toledo entre otros, se enfrentaron a las ambiciones aberrantes de políticos y empresarios del momento que ya hubieran destrozado ese rincón único del mundo. Oaxaca es uno de nuestros tesoros más preciados del mundo gracias a personas específicas como Toledo, como Isabel Grañén y Alfredo Harp y algunos otros visionarios y valientes que se enfrentan a los pequeños grandes ambiciosos de cada día y a su obra de destrucción cotidiana. Ellos y muchos otros se enfrentan cada día todas las ciudades del México a las mismas ambiciones aberrantes, encarnadas en muchas personas que en el siglo XX sobre todo, introdujeron y comerciaron en la capital del país con una modernidad tan pasajera y banal que ahora es más ruina que las ruinas antiguas. Si la Ciudad de México hubiera tenido por lo menos desde la segunda mitad del diecinueve protectores civiles y gobernantes más sensibles a la importancia de la dimensión estética de las ciudades, como los tuvo París entonces, nuestra ciudad sería una de las maravillas del mundo. Una joya con paredes de tezontle apreciada por personas que hubieran sabido cómo conservar la belleza de la ciudad sin permitir que la vitalidad urbana pereciera.
La ciudad de Puebla, que era más pequeña, tiene ahora el centro histórico con más edificios valiosos y mejor conservado del país. Porque nadie en la Ciudad de México tuvo la visión de conservar el conjunto como algo valioso y no sólo los edificios aislados. El mismo pensamiento que se sigue practicando en la construcción actualmente dentro de la Ciudad de México. El horror urbano que es Santa Fe se desea replicar por todas partes, comenzando por el pobrePaseo de la Reforma que merece más dignidad sin duda. No se piensa ni siquiera en los alrededores de cada edificio nuevo, ya no digamos en la estética del entorno. Triste realidad depredadora que nos habita.
Nunca está de más recordar que la idea de conservar en una ciudad no sólo cada edificio antiguo valioso sino su entorno fue una idea de vanguardia introducida en el mundo por Federico Sescosse, ese gran salvador de la belleza de Zacatecas. Él hizo que se estableciera en la legislación preservadora de su ciudad desde mediados de los años sesenta. Y sólo diez años después, en Bruselas, se aprobó una ley similar, basada en el mismo principio de preservar, apreciar, cuidar y atesorar el entorno. Un principio que por diferentes circunstancias, algunas de pobreza, otras de preservación de los conventos y edificios de las órdenes religiosas, y otras fundamentales de la presencia de personas que pensaron de manera sensible y visionaria, se siguió en Quito. Tiene sin duda el centro histórico menos alterado, más vivo y mejor conservado de América. Y gracias a ello fue desde 1978 la primera ciudad incluida por la Unesco en su lista de Patrimonio de la Humanidad. Quito es admirable por su belleza pero es también ejemplar y nos da un vislumbre claro de lo que aquí no supimos amar.

viernes, 11 de julio de 2014

El quinto partido

Juan Villoro


viernes, 11 de julio de 2014

Desde hace décadas la obsesión del futbol mexicano consiste en llegar al quinto partido. En política eso ya es una realidad. Pertenecer al quinto partido en las preferencias de los electores no cambia la agenda nacional, pero da notables dividendos a quienes ahí participan.
El Partido Verde Ecologista de México lanzó una campaña en pro de la pena de muerte sin que eso le representara mayor costo social. Aunque acabar con una vida no es ecológico, la incongruencia causa poca alarma en un país donde los lemas no se asocian con la realidad. Consciente de que nunca ganará unas elecciones, el PVEM puede proponer una medida extrema sin asumir la responsabilidad de ejecutarla. Gana algunos votos con ello y se abstiene de las molestias de gobernar.
No todos los partidos pequeños tienen esta actitud de becarios de la democracia, pero es obvio que no han sido capaces de corregir los vicios de los grandes partidos. Cuando Gabriel Quadri se presentó como candidato a la Presidencia por Nueva Alianza, propuso arrebatarle la chamba a los profesionales del erario para devolvérsela a los ciudadanos, pero ese atractivo mensaje resultó ser otra variante de la demagogia.
Por si faltaran agrupaciones pequeñas, tres nuevas plataformas podrán ser votadas. Ante el descrédito de las ideologías, sus nombres no aluden a la política sino a valores morales que recuerdan las difusas carreras de humanidades ofrecidas por las universidades “patito”.
El pueblo de México tendrá la oportunidad de votar por la Regeneración Nacional, el Encuentro Social o el Frente Humanista. La oferta es tan vaga como la de distinguir al Antropoide Pensante del Humano Racional.
Esos membretes amparan posturas más o menos concretas. En el caso del Movimiento de Regeneración Nacional, el nombre se justifica por ser un acrónimo, siglas que se pronuncian como una palabra: Morena. Su líder, López Obrador, ha señalado su diferencia con el PRD, al que juzga conciliador al grado de ser cliente del PRI y hasta del PAN.
Por más positivo que sea definir posturas, la izquierda -de por sí en tercer lugar de las preferencias- avanzará poco al presentar dos formatos electorales. Uno de los grandes vicios de la mente izquierdista consiste en sospechar más del que tiene al lado que del que tiene enfrente; el aliado que discrepa es visto con mayor desconfianza que el enemigo frontal. La deseable confluencia del PRD y Morena se ha convertido en una lejana utopía de la concordia.
Por su parte, el Partido Encuentro Social tiene vínculos con la iglesia evangélica y practicó el acarreo con despensas regaladas en sus mítines de afiliación. Su presencia en el padrón electoral no es una buena noticia para el Estado laico ni para la transparencia.
En cuanto al Partido Humanista, se le asocia con Felipe Calderón y sus seguidores, deseosos de contar con un espacio político luego de perder las elecciones internas del PAN ante Gustavo Madero.
Lo humano se aplica a cualquiera de nuestras acciones: errar es humano, llorar es humano. El humanismo se separa de esta tendencia en la medida en que enaltece los valores que la mayoría de los mortales no cumple. No apela a lo que somos, sino a lo que deberíamos ser.
Si la referencia de ese partido es Calderón, podremos identificarlo con el error humano. El sexenio calderonista dejó un saldo aproximado de 80 mil muertes violentas y 30 mil desaparecidos. Asociarlo con el humanismo es forzar las palabras al grado de considerar que un asesinato es un “daño colateral”.
De acuerdo con el informe de calidad ciudadana del INE, ningún oficio cuenta con tanto descrédito como el de diputado. La relación del legislador con los votantes acaba el día de la elección. A partir de ese momento sigue una agenda que en ocasiones ni siquiera representa a su partido, sino a los tejemanejes del gasto público y del tráfico de influencias.
Si toda empresa necesita abogados, en el México de los monopolios los grandes consorcios necesitan diputados, según se evidenció en la reciente aprobación de las leyes secundarias para la reforma de telecomunicaciones.
Ciudadanizar la política representa un desafío esencial en un país donde los profesionales del gremio han velado en lo fundamental por sus propios intereses.
Tenemos una democracia representativa en la que sólo contamos con poder el domingo de elección. Hasta que no haya formas de participación más directa, la regeneración, el encuentro social y el humanismo serán expresiones huecas.
La mala noticia es que hay nuevos partidos. La peor es que ya había otros.

viernes, 4 de julio de 2014

Género y democracia: elementos clave para una gestión del agua justa y sustentable

Por: Hilda Salazar y Brenda Rodríguez Mujer y Medio Ambiente, AC

La falta de agua en los hogares altera por igual la vida de las mujeres del campo y de la ciudad: en Pozuelos del Pinar, Chiapas, una mujer indígena invierte de dos a seis horas diarias en acarrear el agua para abastecer su vivienda durante el tiempo de secas; mientras, una señora de San Lorenzo Tezonco, en Iztapalapa, puede acumular hasta 30 horas de trabajo a la semana en tareas de gestión, almacenamiento y mejora de la calidad del agua.
Los problemas de saneamiento se multiplican y con ello también el cuidado de personas enfermas a cargo principalmente de las mujeres. Se incrementan los gastos en salud, y la falta de agua o su mala calidad obliga a las familias a comprar pipas y agua embotellada. Los saldos sociales son que las personas con menores ingresos pagan más por el agua que aquellas con mayores recursos. Hay irritación en las familias y las asimetrías de género también se expresan en un recrudecimiento de la violencia doméstica. En pocas palabras, la falta de agua ensancha las desigualdades y la polarización social.
Pero las políticas del agua en México parecen estar ciegas a estas realidades; para los responsables de las políticas hídricas, los problemas se resuelven con obras y dinero. Se insiste en un modelo de gestión que ignora las dimensiones sociales y ambientales; se favorece a las grandes concentraciones urbanas a costa de las rurales, y se prioriza la provisión de servicios para los comercios, la industria y los negocios frente a las necesidades de las personas más pobres que carecen de los servicios. Los responsables de las políticas públicas, mayoritariamente hombres con especialidades técnicas, no hacen caso de las desigualdades sociales y menos aún consideran incluir una perspectiva de género en la obtención, distribución, el uso y saneamiento del agua.
México vive serios problemas hídricos que se agravan constantemente. Es verdad que los fenómenos climáticos contribuyen a ello y también que el país tiene diferencias grandes en la disponibilidad natural del agua, pero los problemas están sobre todo asociados a un modelo de desarrollo que acumula crisis que lejos de resolverse tienden a profundizarse. Todos los días los medios de comunicación dan cuenta de una conflictividad creciente en torno a la disponibilidad del líquido: un campesinado que reclama agua para sus cultivos; poblados que reportan escasez; cortes; tandeo; fugas; falta de mantenimiento de la red; mujeres y hombres que denuncian la contaminación por actividades industriales, mineras, comerciales, agropecuarias o públicas; pueblos y comunidades que padecen inundaciones, deslizamientos, hundimientos y grietas, y movimientos que rechazan la construcción de mega proyectos que los desplazan de sus comunidades, destruyen bosques y ecosistemas y terminan con formas de vida que han mostrado ser más sustentables.
En estos escenarios de crisis hídrica son precisamente las mujeres –junto con las niñas y los niños– quienes hacen posible que las familias, las comunidades y, al final de cuentas la sociedad, sigan funcionando. El trabajo no remunerado de las mujeres en la provisión del agua en los hogares –y en muchas otras actividades económicas– es una suerte de “subsidio de género”. Ellas, por medio de su esfuerzo, tiempo y dedicación, están contribuyendo al funcionamiento social y subsanando una omisión del Estado. La reciente reforma a la Constitución en los artículos Primero y Cuarto establece con claridad que el Estado es el garante de los derechos humanos y, específicamente, del Derecho Humano al Agua y al Saneamiento.
No obstante esta valiosa contribución, las mujeres están sub representadas en todos los espacios de toma de decisión, desde los comités comunitarios del agua hasta los puestos directivos de los organismos operadores y las instituciones federales como la Comisión Nacional del Agua (Conagua). Esta falta de participación propicia que sus necesidades, intereses y demandas sean invisibilizadas incluso por las propias organizaciones que se encuentran en lucha. Y son ellas también las que han acumulado conocimientos y experiencias alrededor de la gestión del agua y por ello deberían ser consideradas como sujetas sociales preponderantes y, por ende, participar en igualdad de condiciones que los hombres en el diseño de propuestas, programas y políticas tanto a nivel ciudadano como institucional.
Contar con la participación de las mujeres es fundamental en estos momentos donde se avizoran escenarios de privatización y cambios legislativos. Hay iniciativas para modificar la legislación de aguas a nivel federal y también en algunas entidades, incluido el Distrito Federal. Las iniciativas diseñadas por los gobiernos apuntan a conceptualizar el agua como un bien económico y no como un derecho humano, tienden a la privatización, no consideran seriamente las dimensiones ambientales y, desde luego, carecen de una perspectiva de género.
Por su parte, la expresión ciudadana ha tenido que abrirse paso mediante iniciativas como la Ley Ciudadana del Agua. Este proceso, como muchos otros, requiere de la alianza de múltiples actores: organizaciones de derechos humanos, de campesinas y campesinos, movimientos urbano-populares, grupos de resistencia ante los mega proyectos y presas. En todos ellos las mujeres están, pero su voz, sus propuestas y su energía necesitan ser potenciadas. Ellas son indispensables en la construcción de un modelo equitativo, sustentable y público del agua para nuestro país.