viernes, 26 de noviembre de 2010

NORMALIZACIÓN DEL CRIMEN


Teresa Carreón

A varios años de firmados diversos acuerdos, crímenes como los exterminios masivos de mujeres, las violaciones, abusos y acoso sexuales, la violencia doméstica, la trata de mujeres y niñas, la prostitución forzada, la esclavitud sexual, la violencia en situaciones de conflicto armado, el embarazo forzado, el infanticidio femenino y la selección prenatal del sexo del feto a favor de bebés varones, los asesinatos por cuestiones de honor, la violencia por causas de dote, la mutilación genital femenina y otras prácticas y abusos, siguen siendo practicados con total impunidad.

Cuando sin importar el origen étnico, ni la raza, clase social o religión, nivel educativo o ubicación geográfica, a la víctima se le reconoce por el hecho de ser mujer, se le considera violencia de género, que no se limita a zonas de guerra o regiones en conflicto extremo.

Según la más reciente Encuesta Nacional sobre Relaciones en el Hogar del INEGI, la violencia hacia las mujeres en México afecta al 67 por ciento de ellas, independientemente de su condición socioeconómica, estudios, estado civil, o edad. Lo anterior representa el primer obstáculo para alcanzar el desarrollo pleno de las mujeres ya que perturba su vida, disminuye su confianza, afecta su autoestima y limita su participación en la esfera pública.

En nuestro país, en los estados de México, Chihuahua, Sinaloa y Distrito Federal se perpetran el mayor número de asesinatos de mujeres, crimen que es la punta del iceberg de la violencia contra las mujeres. Y todo esto ocurre a once años de que la ONU declarara el 25 de noviembre como el Día Internacional para Erradicar la Violencia contra las Mujeres.

La violencia de género viene ejerciéndose en el hogar, en la calle, en el trabajo, en público, en privado, proviene desde el padre, los hermanos, la pareja, el marido, el hijo, o algún conocido, pero debido a la complejidad y diversidad de las manifestaciones de ésta, con frecuencia resulta invisible para las propias mujeres maltratadas, ya que la sociedad en general sigue considerándola como algo "normal". Es decir, se ha normalizado el crimen.
En las sociedades que han sido educadas para que el hombre considere ser el dueño de “su mujer”, no ha importado que el marco regulatorio del comportamiento haya sido modificado. En la realidad cotidiana, las conductas y la mentalidad de muchos hombres y mujeres no han cambiado, siguen anclados en estereotipos que subordinan, infravaloran, invisibilizan y humillan a la mujer.

Este fenómeno está tan arraigado históricamente, y tan presente en nuestra sociedad, que nos cuesta identificarlo, ya que hemos sido enseñados a que la mujer encarna el mal, al tiempo que es el prototipo de la perversidad, sino véase cualquier telenovela, escúchese cualquier canción reggaetonera o deténgase en un puesto de periódicos para confirmarlo.

Las consecuencias de las situaciones del maltrato son: conductas de ansiedad extrema, depresión y sentimientos de culpabilidad, aislamiento social, baja autoestima, trastorno por estrés postraumático, habituación y no reconocimiento de la situación problemática.

Una mujer que vive en un ambiente de violencia de género, suele valorarse muy poco a sí misma. Así crece, escuchando que su vida no vale, por lo que, cuando vive situaciones de violencia, se culpa a sí misma por ello. Enseñarlas a quererse y a valorarse, a pensar que ellas son importantes y que por ello merecen lo mejor que pueda darles la vida, las llevará a rechazar humillaciones, malos tratos, violencia física, psíquica y sexual.

Con la música a otra parte me voy con la canción “Échenle sal” de Liliana Felipe: Brujas rameras /Esfinges y quimeras /Traidoras ratas muertas, callejeras /Que emponzoñan las buenas maneras…

viernes, 19 de noviembre de 2010

Insensatez - Tom Jobim



Ah, qué insensatez
mostraste ayer
corazón más descuidado
al regar dolor
sobre tu amor
un amor tan delicado
Ah, dime por qué
flaqueaste así
al ser tan desalmado
Ah, mi corazón
quien nunca amó
no merece ser amado


Ve, mi corazón,
entra en razón
ve y enfrenta las verdades
pues quien siembra vientos
sabes muy bien
que recoge tempestades
Ve, mi corazón,
pide perdón,
perdón apasionado
Ve, porque quien no
pide perdón
no es nunca perdonado

martes, 16 de noviembre de 2010

To Be Forgiven - George Michael







I'm going down
won't you help me
save me from myself
I hear the sound of a memory
maybe time will tell

Suddenly my life is like a river
taking me places I don't want to go
but like all good men who swim too well
it takes all that I have just to cry for help
then that voice in my head
tells me no

I'm going down
won't you help me
save me from myself
I look around for a fantasy
maybe who can tell?

let me live my life beside the river
take me to places where a child can grow
and then
maybe the boy inside will forsake me
maybe
the child in me
will just let me go

I'm going down
the cold, cold water is rushing in
I'm going down
and I would beg to be forgiven

if I knew my sin

viernes, 12 de noviembre de 2010

LA VULNERABILIDAD DE NUESTRA INFANCIA


Teresa Carreón
El ser humano ha vivido su vida tejiendo esperanzas. El futuro le ha dado motivos siempre para depositar en sus herederos las más grandes expectativas. Si no fuera así, el desaliento hubiera hecho desaparecer al componente humano de la faz de la tierra.

La revista Proceso esta semana ha informado que se han elevado las cifras de suicidios entre niños, adolescentes y jóvenes este sexenio. Los niños que viven su infancia en medio de la guerra contra el narcotráfico emprendida por Calderón, además de la violencia generada por los delincuentes, le han producido terror, tensión, angustia y estrés postraumático, casi imposibles de superar. Por lo que, ante la falta de oportunidades, inmersos en la depresión y la desesperanza de “un país que se desmorona”, si las bandas criminales no los matan, deciden hacerlo por propia mano.

Las estadísticas que ofrece la revista apuntan que sólo en 2008, alrededor de 150 mil pequeños de 12 a 17 años de edad atentaron contra su existencia –25 mil 473 requirieron atención médica –, mientras que 1 millón 400 mil más, pensaron hacerlo.

Así pues, los niños de nuestro país que tendríamos que proteger como el tesoro más preciado, se han vuelto completamente vulnerables ya que están más expuestos a sufrir daños ante las amenazas físicas, económicas, sociales, político-institucionales, sanitarias, educativas, ambientales, etc.

En México, los niños representan la tercera parte de la población y cuatro de cada 10, viven en la miseria. Con 4 millones de niños, según la Comisión Económica para América Latina (CEPAL), México concentra el 18% de los niños pobres de la región. Durante los últimos 20 años, latinoamérica ha mantenido la más regresiva distribución del ingreso en el mundo, por lo que las carencias que padece la población infantil le afectará el resto de su vida y se transmitirá a las generaciones siguientes.

Pero según el organismo, la pobreza no sólo se refiere a las privaciones materiales, sino que incluye otros factores como la discriminación y exclusión, así como la violación de los derechos humanos de los niños, todo lo cual afecta su desarrollo psicosocial. Los niños que subsisten en situaciones de pobreza extrema, padecen desnutrición crónica, habitan viviendas precarias, carecen de agua potable, electricidad, educación y medios de información. Si a eso le agregamos la situación de inseguridad, el resultado es catastrófico.

La violencia emocional provoca malestar en el niño, una degradación que, a diferencia de la fí­sica, no deja secuelas visibles, por ello es más complicado abordarla; sin embargo, presenta sí­ntomas como baja autoestima, disminución en el rendimiento escolar, miedo a la soledad, tristeza, aislamiento, inseguridad y en ocasiones, deseos de muerte. Esto tiene repercusiones a futuro, cuando el infante se convierta en adolescente o en joven adulto, tendrá múltiples dificultades.


Nunca será suficiente expresar cifras que revelan la situación de dolor, sufrimiento y marginalidad en la que viven miles de niños en este país, como no lo es saber que muchos de ellos no cuentan con las condiciones mínimas para desarrollarse adecuadamente, por ello, ciudadanos, especialistas, organizaciones civiles y autoridades debemos revertir esta situación, ya que hablar de la infancia es también abrir la posibilidad de que las cosas puedan cambiar, con la convicción de que en los niños se juega el destino de México.

Mejor me voy con la música a otra parte, con la canción del grupo Maná, “Dónde jugarán los niños”: Y hoy me pregunté /después de tanta destrucción / ¿Dónde diablos jugarán /los pobres niños?

viernes, 5 de noviembre de 2010

ÉTICA Y EMPRESARIOS


Teresa Carreón

Aprovechando el puente que el día de muertos nos obsequió este año, decidí pasear por nuestra hermosa ciudad de México. Dos cosas llamaron poderosamente mi atención, grandes franjas de la ciudad se encuentran a oscuras, pues los postes de luz no la tienen y la segunda, el mal servicio que ofrecen algunos restaurantes.

De la primera situación no sé a quién le compete remediarla, si al gobierno del Distrito Federal o a la Comisión Federal de Electricidad. Pero de la segunda, estoy convencida que son los empresarios quienes tienen la total responsabilidad. Me explico: visité dos restaurantes ubicados en zonas conocidas como turísticas, ya que uno se encuentra en el centro de la ciudad y el otro en la llamada zona azul del D. F., o sea, en avenida Insurgentes Sur.

En ambos casos, los restaurantes se encontraban abarrotados de comensales y todos esperaban bastante tiempo para que se les diera una mesa. Una vez ubicados en ella, la atención era lenta y mala por parte de los meseros. Fácilmente se podría culpar a estos servidores (asociados les llaman en algunos lugares), de ofrecer como dádiva su servicio, pero al voltear a ver el lugar, en ambos casos ocurría lo mismo: los meseros era pocos para atender esos establecimientos, peor aún siendo días festivos.

Cualquiera bienpensante podría atribuir a la crisis, el comportamiento de los administradores de esos centros de servicios, quienes por ese motivo, han reducido el personal al mínimo. Si uno se vuelve observador, se podrá advertir que en sitios donde atendían varios empleados, ahora se encuentra uno solo dando la cara al mismo número de clientes o usuarios, ya que el promedio de ventas o servicios se ha mantenido sin variación. Es más, algunos medios difundieron mayor derrama económica que dejarían estas fiestas a la industria del pan.

Así pues, la crisis les ha dado a los empresarios en bandeja de plata el pretexto ideal para adelgazar sus plantillas y presionar para que los trabajadores que aún no despiden, trabajen por el mismo salario el doble o triple de tiempo. Sorprendentemente en esta época de desempleo exorbitante, hacen falta más trabajadores. Los dueños de los negocios tienen el magnífico pretexto para aterrar y sobrecargar a los empleados que sobreviven a los constantes recortes, sin renunciar a un solo peso más de ganancias. Los patrones tradicionalmente son fieles al lema de “Trabajar más y cobrar menos”, pero sus principios sólo se dirigen a las percepciones de los asalariados, no a las propias.

Resulta pues, que quienes tienen en su código de ética la mayor creación de la riqueza y de fuentes de empleo de los países, afirmación que les sirve para torcerle el brazo al gobierno que se les ponga enfrente y con ello obtener mayores canonjías, son los primeros en ser beneficiados directamente por la crisis. La ética de accionistas, propietarios, administradores y directivos se vuelve una materia imprescindible para que las empresas de este siglo cumplan sus fines, garantizando los derechos e intereses de los grupos que le benefician: empleados, clientes, accionistas, proveedores y socios de sus negocios, así como la sociedad en general.

Mejor me voy con la música a otra parte con la canción “Me matan si no trabajo” de Nicolás Guillén y Daniel Viglietti: Me matan si no trabajo, /y si trabajo me matan. /Ayer vi a un niño jugando /a que mataba a otro niño. /Hay niños que se parecen /a los hombres trabajando. /Ay, quién le dirá cuando crezcan /que los hombres no son niños, /que no lo son.