miércoles, 12 de junio de 2013

Diez pasos para superar el dolor crónico



(Traducción de “Ten Steps To Overcoming Chronic Pain”. Autor: Mark Grant (*). 
Fuente: http://www.overcomingpain.com/. Traducción: Alejandra Guasp, Red Ehlers-Danlos Argentina)
(*) Mark Grant es un psicólogo australiano con más de 20 años de experiencia en el tratamiento de personas que 
sufren de dolor crónico y estrés


El dolor crónico es un problema serio, pero a menudo se vuelve peor debido a la desinformación, las actitudes 
negativas, las ideas obsoletas y las emociones negativas. Se reconoce que frecuentemente el dolor crónico
se trata mal, no porque falten tratamientos adecuados, sino por miedo e ignorancia.
Estos pasos están creados para ayudarte a enfrentar mentalmente el dolor crónico de la mejor manera posible.


1. Asegurate de entender qué tipo de problema es el dolor en realidad
El dolor crónico es diferente de otros problemas médicos, que a menudo pueden tratarse de manera relativamente 
fácil y exitosa. El dolor crónico es una dolencia compleja, provocada y mantenida por una combinación de factores 
físicos, psicológicos y neurológicos.
Estas causas múltiples hacen difícil establecer con exactitud un origen o un tratamiento para el dolor. A menudo el 
dolor también es desestimado o mal tratado por el bagaje de antiguas ideas sobre él – por ejemplo, es muy
frecuente que el dolor cuya causa física es desconocida sea escasamente tratado. Esto ocurre, a pesar de la 
intervención de los factores neurológicos, que implica que el dolor puede producirse en ausencia de causas 
externas, y que no debería desestimarse o considerarse anormal.
La clase médica se ha esforzado por unirse para enfrentar el desafío del dolor, y ahora reconoce que este problema
no puede superarse sin la combinación de aportes de otras disciplinas como la psicología y las terapias físicas. El 
dolor también es una experiencia subjetiva, que es imposible de medir en forma precisa. El dolor contiene muchas 
reacciones emocionales, incluyendo ansiedad, miedo y depresión.

2. Acéptalo
El dolor crónico es tan tremendo que a veces es más fácil escapar, deseando que nunca hubiese ocurrido, o 
esperando una cura milagrosa. Si persisten, estas reacciones comunes al dolor puede convertirse de algún modo 
en una trampa. Es necesario que enfrentes la realidad de lo que te está sucediendo, y que encuentres maneras 
constructivas de lidiar con ella.
Aceptación significa más que saber intelectualmente que tienes dolor; significa permitirte sentir la ansiedad, el miedo, 
el enojo y la pena que acompañan al dolor. La aceptación es un proceso que requiere reconocer progresivamente 
todos tus sentimientos, y satisfacer tus necesidades físicas y emocionales.
Para aceptar y atravesar estas emociones negativas asociadas con el dolor crónico, debes tener el apoyo y la 
seguridad adecuados. Seguridad significa tener un control adecuado del dolor mediante la combinación apropiada
de aportes al tratamiento: médicos, físicos y psicológicos. Apoyo significa tener el apoyo emocional adecuado de la
familia y los amigos, que te dé un sentimiento de contención y seguridad.
El producto final de la aceptación es la reducción del dolor, la paz interior, menos ansiedad y una mejor estrategia de
afrontamiento.

3. Ten el control
Luego de meses o incluso años con dolor y tratamientos fallidos, es fácil tener sentimientos de desesperanza 
y de que no hay nada que pueda hacerse. A menudo las personas que sufren de dolor están en el extremo del
tratamiento negativo y es fácil que terminen sintiéndose enojados y victimizados. Con frecuencia tienen alguna 
justificación para sentirse así.
Quizás no provocaste tu dolor, y quizás no estás contento con algunos aspectos de tu tratamiento, pero 
¿sabes qué? Así es la vida. Culpar a otros por tus problemas, aunque esté justificado, te convierte en una víctima,
y es como abandonar el control de tu vida. Te estás permitiendo dejarte llevar por tus emociones; pero tienes 
alternativas: o tomas el camino fácil (que en realidad no es tan fácil) y simplemente culpas a los demás, o tomas el 
control y obtienes información, te comunicas abiertamente con el médico, pones en práctica estrategias para el 
control del dolor, como el ejercicio regular, el descanso, la relajación y el control del estrés.
Tienes que decidir si quieres ser víctima o sobreviviente, pasajero o conductor. Tu dolor no es problema de 
nadie, más que tuyo. Tienes derechos e incluso responsabilidades como usuario de los servicios de salud y como 
paciente. Dado que el dolor crónico es difícil de detectar o medir, necesitas informarte, y participar activamente de tu 
tratamiento.
No tengas miedo de hacer preguntas, no tengas miedo de decirle a tu médico lo que piensas y lo que quieres, 
no tengas miedo de pedir un medicamento más fuerte para el alivio de tu dolor.

4. Crea una buena relación de trabajo con tu médico
Una relación franca y de confianza con tu médico es esencial. Esto implica ser capaz de decirle a tu médico 
cómo te sientes, de hacerle preguntas y sentirte escuchado y comprendido.
La relación médico-paciente debe ser una calle de dos manos. Aunque confíes en la opinión experta de tu médico 
para las recomendaciones de tratamiento, él depende de ti para obtener información precisa sobre la cual basar 
sus decisiones. Es tu responsabilidad describirle tus síntomas de la manera más precisa posible y comentarle los
resultados de los tratamientos. Incluso si son desfavorables.
Se ha identificado que no informar completamente sobre el dolor es una de las mayores causas de su mal manejo. 
La relación médico-paciente puede socavarse por la mala comunicación, la ignorancia, la arrogancia y el miedo. 
Por ejemplo, mucha gente tiene miedo de decirle al médico cómo se siente por miedo a ser etiquetada como 
débil o “quejosa”. Otros pacientes minimizan la severidad de su dolor, porque no quieren que su médico sienta que 
falló!
Deberías sentir que puedes hablar con tu médico, que él te escucha y te respeta, y estar satisfecho de 
que está trabajando de manera competente y completamente a favor tuyo. También tienes el derecho de cambiar de 
médico si no estás satisfecho.

5. Nunca ignores el dolor
En el tratamiento del dolor crónico se ha puesto de moda la recomendación de ignorar el dolor (luego de que se 
completan las investigaciones médicas), en la creencia de que solamente es dolor, y que no hay nada malo desde 
el punto de vista físico.
Este abordaje representa un movimiento pendular desde la noción pasada de moda de prescribir el descanso, hasta 
el cambio en favor de mantener la actividad física. La idea es que la inactividad solo lleva a la depresión y no ayuda de 
ninguna manera a solucionar el problema.
Pero con ciertos tipos de dolor, esto puede llevar a un círculo de empeoramiento, deprivación del sueño, 
agotamiento y aumento, del dolor y del sufrimiento; particularmente si eres una de las personas que típicamente 
ignora el dolor (ignorar el dolor es –por supuesto- lo que provoca la mayoría de las lesiones reiteradas).
El otro problema de ignorar el dolor es que cada vez que se produce, deja una impronta en tu sistema nervioso, 
una especie de “memoria del dolor”. Estas experiencias reiteradas con el dolor llevan a la sobre-estimulación del 
sistema nervioso y a la generación de señales espontáneas de dolor, que llevan a un ciclo de estrés y dolor. El 
mejor abordaje es uno balanceado, regulando los niveles de actividad y evitando el empeoramiento excesivo del dolor.

6. Aborda de manera balanceada la actividad física
Puede ser tentador adoptar una postura de “no hacer nada”, en la esperanza de que puedas evitar tener más dolor. 
Como se indicó, dado que el dolor crónico es provocado en parte por cambios neurológicos, evitar la actividad no hará 
que pare. Evitar la actividad también lleva a la atrofia muscular y a la generación de productos de desecho en los 
tejidos, que de hecho pueden exacerbar el dolor.
En otras ocasiones, puedes sentirte frustrado y esforzarte por completar tareas relativamente importantes (por 
ejemplo cortar el césped) sabiendo que luego vas a tener dolor. Esto puede hacer que tengas que tomarte dos días 
para descansar y recuperarte. Esta postura de “todo o nada” es inadecuada e inefectiva en el largo plazo.
Tienes que regular tus niveles de actividad. Puedes hacer esto solo, mediante “prueba y error” o con un poquito de 
“preparación” a través la ayuda profesional. El apoyo y la guía de un profesional de la salud comprensivo son muy 
convenientes para mantener la motivación y para enfrentar los miedos y los obstáculos a lo largo del camino.

7. ¡Duerme!
La falta de sueño provocada por el inadecuado tratamiento del dolor puede llevar a un ciclo de fatiga, depresión 
e irritabilidad. La incapacidad para dormir, o despertarte sintiéndote cansado, son signos de que tu dolor no está 
siendo tratado de manera adecuada. Desarrollar un patrón de sueño relajante es esencial para afrontar el dolor crónico. 
Mejorar tu descanso te dará más energía y te ayudará a sentirte más capaz de sobrellevar tu enfermedad.
Hay muchas cosas que puedes hacer para mejorar el sueño, incluyendo la relajación, quizás tomar un baño caliente, 
escuchar música o una grabación relajante antes de irte a dormir; auto-hipnosis; un buen colchón; una buena postura; 
la medicación, y un buen control general de tu estrés.

8. Asegurate de tener el apoyo adecuado
Muchas personas con dolor crónico se aíslan, perturbadas por sus seres amados, sus compañeros de trabajo y
la sociedad. El apoyo social o emocional inapropiado puede llevar al aislamiento, a la depresión y al aumento
del riesgo de suicidio. Las personas que normalmente se enorgullecen de ser independientes y de no necesitar de los 
demás están particularmente “en riesgo”.
Desafortunadamente, las reacciones negativas de los demás pueden desalentar a quienes padecen de dolor crónico 
de hablar sobre sus problemas o de buscar ayuda. Las reacciones poco útiles de aquellas personas con las que 
contabas pueden ser muy decepcionantes. Es otra de las cosas que caen dentro de la canasta “así es la vida”.
La realidad es que es simplemente ridículo esperar que seas capaz de enfrentar solo una enfermedad crónica que 
te arrebata tu capacidad de trabajar, amar y jugar. Tener el apoyo emocional adecuado aumenta enormemente tu 
capacidad para sobrellevarlo.
Hablar con los familiares y amigos cercanos es vital. Una charla de la familia con tu médico o psicólogo también 
puede ayudar a permitirles saber más sobre tu enfermedad y a hablar sobre lo que te pasa en un ambiente neutral.

9. No esperes que la gente que no tiene dolor entienda lo que se siente
Es frustrante, y es fácil, enojarse cuando los demás parecen no entender. Sin embargo, como las personas con dolor 
crónico no tienen lesiones visibles, es fácil para la familia y los amigos, y especialmente para los niños, olvidar 
que hay algo que está mal. También pueden “olvidarlo” porque es difícil para ellos tener que vivir sabiendo que un ser 
amado sufre de dolor.
Entonces, no esperes que la gente que no tiene dolor entienda lo que se siente, y debes estar preparado para recordarles 
a los demás que tienes limitaciones. No se puede esperar que, especialmente los niños, comprendan las 
consecuencias de una dolencia como el dolor crónico. Esta es una lección que debe repetirse muchas veces.

10. Perdonate
La pérdida de la habilidad para trabajar, amar y jugar ocasionada por el dolor crónico puede crear sentimientos de 
culpa y fracaso. Sé consciente de tus propias expectativas, y examina críticamente todo sentimiento de vergüenza
o culpa. Seguramente no pediste tener dolor.
Los sentimientos reprimidos de vergüenza llevan al resentimiento y luego emergen como enojo. Sentirte 
culpable puede ser también una forma sutil de auto-indulgencia – cuando te enganchas en sentimientos de 
culpa, en realidad te estás sumergiendo en la autocompasión.
Perdonarte y abandonar la culpa será más fácil si eliges una postura productiva adoptando estos 10 pasos.