miércoles, 19 de marzo de 2008

UN RATO CON UN GATO



Teresa Carreón


La búsqueda de compañía es la primera razón que se argumenta cuando se explica la propiedad de una mascota, aunque hay quien dice por ejemplo, que al tener una animalito en casa se “tiene un amo a quien servir” por todas las tareas que supone su cuidado.

Recientemente se pueden ver fotografías de las artistas del momento llevando en su bolsa algún perrito chihuahueño asomado graciosamente por algún extremo. Pareciera que ese tipo de animalitos están reservados para las personalidades más banales del mundo.

Sin embargo, el tiempo ha mostrado la gran relación que guardan los escritores con los gatos. Antonio Burgos, quien ha escrito los libros “Gatos sin fronteras” y “Alegatos de los gatos”, dice que el gato es un animal políticamente incorrecto, pues no es condescendiente con nadie. Si uno trata de llamar a un gato como llama a un perro, no recibirá más que frustración, aunque sea ese gato que quiere, cuida y alimenta.

Al pensar en Ernest Hemingway escribiendo, de inmediato se le ubica en la soledad nocturna y calurosa del trópico, rodeado de sus gatos. Muchos afirman que el enamoramiento entre escritores y gatos proviene del carácter solitario, sedentario e individualista de la escritura, pero el fundamento de esa extraña alianza de complicidad y amor debe explicarse por la actitud de absoluta libertad del felino, que de poder hablar lo haría advirtiéndole a su amo que si le hace algún tipo de compañía "es porque yo quiero".

Quien posee un felino habrá notado que no "tiene" un gato, como se tiene un canario, un perro, una tortuga. El dueño vive en la casa del gato. Los gatos son seductores por naturaleza, suelen moverse con agilidad y elegancia. Lo que generalmente le molesta a la gente de los gatos, es su total independencia, sus conductas libres, anarquistas, que sean ociosos, vagos y callejeros. Por eso mientras muchos los detestan, otros los amamos.

H. G. Wells tuvo un gato llamado Mr. Peter Wells. El gato de Tennessee Williams fue nombrado Topaz. Charlotte & Emily Brontë tuvieron un gato llamado Tiger que jugaba con el pie de Emily mientras ella escribía "Wuthering Heigts". Los gatos de Alejandro Dumas fueron Mysouff I y Mysouff II, siendo este último el favorito del escritor, pese a que se comiera en una ocasión todos los pájaros exóticos de la casa. También tuvo otro gato llamado Le Docteur. Charles Dickens tuvo una gata llamada William a la que rebautizó posteriormente con el nombre de Williamina, al descubrir que era una hembra.

Los gatos de Mark Twain fueron numerosos y los nombres que recibieron fueron Apollinaris, Beelzebub, Blatherskite, Buffalo Bill, Satan, Sin, Sour Mash, Tammany y Zoroaster. Lord Byron tuvo cinco gatos que llegaron a viajar con él. Entre ellos destaca Beppo, cuyo nombre fue copiado por Borges para bautizar al suyo, originalmente llamado Pepo. Edgar Allen Poe tuvo una gata llamada Catarina, quien se sentaba frecuentemente en su hombro mientras él escribía. La gata le inspiró la obra "The Black Cat". Víctor Hugo tuvo un gato llamado Chanoine y otro que se llamaba Mouche. Scott Fitzgerald tuvo un gato llamado Chopin.

La escritora francesa Colette tuvo varios gatos: Franchette, Kapok, Kiki-la-Doucette, Kro, La Chatte, La Chatte Dernière, La Touteu, Mini-mini, Minionne, Muscat, One and Only, Petieu, Pinichette, Toune, Zwerg y Saha, a la que dedicó su novela "La Chatte". T. S. Elliot: tuvo varios gatos llamados George Pushdragon, Noilly Prat, Pattipaws, Tantomile y Wiscus. El gato de Walter Scott llamado Hinse le gustaba molestar a los perros de Scott, hasta que en 1826 uno de ellos acabó con su vida.

"… no puedo descifrar un gato/ mi razón resbaló en su indiferencia", escribió el poeta Pablo Neruda. El literato argentino Osvaldo Soriano decía "no es posible usar al gato para nada personal, no hay manera de privatizarlos". El irresistible encanto que ejercen los felinos domésticos está en su libertad suprema: no admiten que los manden, no obedecen, no quieren que les saquen fotos.En la literatura los gatos han sido siempre un recurso literario; han servido como aviso de malas noticias al encontrar al gato asesinado en la puerta del perseguido en la trama de una novela policíaca.

Chandler les atribuía toda la sabiduría y creía que provocaban la explosión creadora. El escritor estadounidense Richard Matheson, autor de “Soy Leyenda”, perdió todo en un incendio, la casa los muebles y los premios, “pero alcanzó a salvar lo esencial: esa mirada que lo sostiene por las noches, cuando la palabra no viene y la novela no avanza. Esa mirada que nos atornilla al sillón, ese ronroneo que precede a la llegada del diablo”.

Poe, Lovecraft y Matheson asociaron los gatos al horror; en los dibujos animados Willam Hanna y Joe Barbera le dieron a Tom el papel de víctima y al ratón Jerry el de la picardía. El gato Félix fue un gran héroe yanqui de los años treinta, puritano y travieso. Lennin, Picasso, Freddy Mercury y Paul Klee eran amantes de los gatos también. También lo era el muralista canadiense Arnold Belkin que nombró a su pareja de gatos John y Yoko.

En la biografía de Borges llama la atención su extremado amor por los gatos. Sería lógico pensar que la compañía de estos felinos, cruzándose de repente por los pasillos o enredándose entre las piernas del escritor, no sería lo más recomendable para un anciano ciego. Pero "un escritor sin gato es como un ciego sin lazarillo", afirmó el escritor argentino Osvaldo Soriano y seguramente tenía razón.

Con fondo musical de jazz, la música que nos llevará a otra parte, acompaña la “Oda al gato” escrita por Pablo Neruda: Los animales fueron/imperfectos, /largos de cola, tristes/ de cabeza./Poco a poco se fueron /componiendo, /haciéndose paisaje, /adquiriendo lunares, gracia, vuelo. /El gato,/sólo el gato /apareció completo /y orgulloso:/nació completamente terminado, /camina solo y sabe lo que quiere./El hombre quiere ser pescado y pájaro, /la serpiente quisiera tener alas, /el perro es un león desorientado, /el ingeniero quiere ser poeta, /la mosca estudia para golondrina, /el poeta trata de imitar la mosca, /pero el gato/quiere ser sólo gato /y todo gato es gato /desde bigote a cola, /desde presentimiento a rata viva,/desde la noche hasta sus ojos de oro.

miércoles, 12 de marzo de 2008

HAY MUJERES


Teresa Carreón
“Yo soy yo y mi circunstancia y si no la salvo a ella no me salvo yo” reflexionó Ortega y Gasset en “Meditaciones del Quijote”. Afirmaciones como la anterior, se han dejado escuchar en boca de algunas mujeres que al contrastar las condiciones de su cuerpo y sus habilidades, sus capacidades psicológicas, su carácter, ya sea que favorezcan o sean un obstáculo para sus proyectos, con las de los hombres, quedan en franca desventaja frente a ellos. Así, el sentimiento es de ser las más desiguales entre los desiguales.

Si la seguridad humana dista de ser una realidad para la inmensa mayoría de la población de América Latina y el Caribe, para las mujeres es casi una utopía. Las mujeres han sufrido históricamente discriminación y exclusión, así como el no reconocimiento de sus derechos específicos y la violencia que se ejerce contra ellas.

La persistencia de una cultura patriarcal excluye de los espacios de poder a las mujeres, obstaculizando su incidencia en el mejoramiento de sus condiciones materiales de vida y en la búsqueda de reconocimiento social y político. Lo primero se plasma en la desigual distribución de la riqueza, que convierte a las mujeres en “las más pobres de los pobres”, y lo segundo se expresa en la ausencia de políticas públicas estructurales y legislación pertinente que promueva su fortalecimiento.

Una de las condiciones para superar las desigualdades históricas basadas en la discriminación sexual consiste en el desarrollo de medidas afirmativas, como las contempladas en los diversos tratados internacionales de derechos humanos y en los planes de acción de las conferencias mundiales, que han sido firmados por la mayoría de los países de la región.

La desigualdad entre hombres y mujeres se evidencia con claridad en el acceso a las oportunidades construidas socialmente: empleo, vivienda, educación, espacios de decisión civiles y políticos, ciencia, tecnología y crédito, entre otras. En el campo laboral permanecen intocables las asignaciones de cargos de mayor poder y valoración social a los hombres. Las diferencias salariales todavía persisten.

En la actualidad, las políticas macroeconómicas, producto de la globalización de los mercados, han impactado con mayor fuerza en las mujeres. Los ajustes estructurales y la reconversión industrial han acrecentado el desempleo de femenino. El acceso a la vivienda, bien en calidad de uso o en propiedad, es restringido para ellas. El porcentaje de propietarias de vivienda o de tierra apenas supera mundialmente el 1%. En el sector rural las inequidades aumentan.

La privatización de los servicios públicos convirtió en clientes a los sujetos de derechos considerados antes como usuarios de los servicios proporcionados por los Estados. Esto ha contribuido a frenar los avances que se habían logrado en América Latina en torno a la educación, la salud, el acceso a vivienda y otros servicios públicos tales como electricidad, teléfono, etc. Estos retrocesos se traducen en un mayor nivel de inequidad para las mujeres, y entre éstas, las rurales son las más afectadas.

Los programas de ajuste estructural aplicados por los gobiernos (generalmente impuestos por las instituciones financieras internacionales), incluyen la liberalización del comercio y de las inversiones, privatizaciones, la desregulación y medidas de austeridad con recortes en las políticas sociales del Estado. Se dice que padecen “ceguera de género”.

La división sexual del trabajo ha sido, y aún es, funcional para los sistemas económicos, puesto que garantiza la oferta de mano de obra subsidiada por el trabajo de las mujeres que se hacen cargo sin costo, de la producción de bienes y servicios que de otro modo tendrían que ser provistos por el mercado o por el Estado.

La economista feminista Ingrid Palmer ha denominado “el impuesto reproductivo”, que se deriva del trabajo no remunerado que las mujeres realizan en los hogares, producto de un pacto no escrito por el que se consagró al varón como proveedor económico universal de las familias y a las mujeres como cuidadoras con lo que se evitaría el condicionamiento del acceso de las mujeres al mundo laboral.

Algunos cambios se han dado: actualmente hay más mujeres trabajando de forma remunerada, aunque al hacerlo aún no hayan conquistado su independencia económica; existe legislación en contra de la discriminación en la educación y en el empleo; hay algunas organizaciones que defienden los intereses de las mujeres; hay centros de asesoramiento para mujeres; existen sociedades de ayuda legal y de apoyo para mujeres; organizaciones sobre el SIDA; movimientos ecologistas; organizaciones de mujeres trabajadoras; grupos para los derechos reproductivos; activismo en contra de la violencia de género; mayor conciencia sobre la violencia de género, la violación y las palizas se han convertido en crímenes que se persiguen; hay mejoras en el "cuidado de día" de los niños y en los permisos por maternidad; la familia y el matrimonio se ven más como algo a repartir entre dos (en teoría, aunque no necesariamente en la práctica).

Pero frente a ello, la conciencia y el activismo feminista han sido marginados y ridiculizados constantemente desde que comenzaran a mediados de 1970, al grado de considerárseles a las militantes “feminazis"; las organizaciones de mujeres o aglutinadoras de contingentes de mujeres, han acabado en muchos casos, imitando a las instituciones jerárquicas existentes; las condiciones para las mujeres continúan deteriorándose: la dominación del hombre continúa tanto dentro como fuera de la casa; la violencia contra las mujeres persiste de modo que éstas no son capaces de moverse libremente sin miedo. La mayoría de las organizaciones son sectarias, con estructuras y líneas jerárquicas, antidemocráticas y tienden a desbaratar los intentos de avanzar colectivamente.

Hay segregación sexual en el lugar de trabajo. Las mujeres, particularmente las indígenas, están todavía en los escalones más bajos de la jerarquía, conformándose con sobrevivir.

Los Informes sobre Desarrollo Humano plantean cuatro realizaciones que hacen la vida merecedora de ser vivida: disfrutar de una vida larga y saludable, acceder al conocimiento, tener ingresos suficientes para llevar una vida digna, y ser parte activa de la comunidad. La región tiene un gran reto para los próximos años: propiciar y garantizar a todos sus ciudadanos y ciudadanas una vida digna, con equidad de género y en paz.

Joaquín Sabina nos llevará con su música a otra parte, con la canción “Hay mujeres”: Hay mujeres que arrastran maletas cargadas de lluvia,/ Hay mujeres que nunca reciben postales de amor, / Hay mujeres que sueñan con trenes llenos de soldados, / Hay mujeres que dicen que sí cuando dicen que no. / Hay mujeres que bailan desnudas en cárceles de oro, / Hay mujeres que buscan deseo y encuentran piedad, / Hay mujeres atadas de manos y pies al olvido, / Hay mujeres que huyen perseguidas por su soledad. / Hay mujeres veneno, mujeres imán, / Hay mujeres de fuego y helado metal, / Hay mujeres consuelo, hay mujeres consuelo,/ Hay mujeres consuelo, mujeres fatal. / Hay mujeres que tocan y curan, que besan y matan, /Hay mujeres que ni cuando mienten dicen la verdad, / Hay mujeres que exploran secretas estancias del alma, / Hay mujeres que empiezan la guerra firmando la paz. / Hay mujeres envueltas en pieles sin cuerpo debajo, / Hay mujeres en cuyas caderas no se pone el sol, /Hay mujeres que van al amor como van al trabajo, / Hay mujeres capaces de hacerme perder la razón./